Parte médico: Síntomas de una muestra contagiosa

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Lectores de Bisiesto, realizadores con obras en concurso y fuera de este, cineastas invitados, espectadores jóvenes, adultos y ancianos, familiares y amigos. Este es apenas un salud(o) hospitalario de nuestro Cuerpo de Guardia, atento a cualquier emergencia, accidente o infarto masivo. En nuestras manos está el poder de salvar. No importa si dejamos de dormir para bajarle a alguien la fiebre. ¡Confíen en nuestro equipo!

—¿Es usted el médico de guardia?


—Exacto, ¿qué se le ofrece?


—Somos periodistas y nos han llegado informes no oficiales de que la Muestra ha sido reportada de grave. Quisiéramos saber cuál es su estado general, si es que no va contra su ética.


—A ver..., ¿cómo les explico? La Muestra ha sido desde el inicio un paciente agitado y rebelde, actitud comprensible si tenemos en cuenta sus 14 años bien cumplidos. Por eso quedamos un poco extrañados cuando llegó a nuestra consulta con visibles signos de agotamiento, como bajo los efectos de una rara sustancia. En este instante se mantiene estable dentro de su estado crítico, gracias a su ya mítica resistencia.


—¿Podría ser más explícito sobre el estado del paciente, por favor?


—De acuerdo. En un primer momento detectamos que la participación de jóvenes realizadores había disminuido de manera considerable en comparación con ediciones anteriores. Esta vez la cantidad de obras inscritas fue notablemente menor –poco más de cien–, y fueron seleccionadas solo 47 para la competencia oficial. Una cifra preocupante, no porque fuera insuficiente para garantizar un mínimo de proyecciones, sino como signo de una posible depresión inmunológica.

—¿Insinúa usted que sobreviene una crisis en la producción audiovisual hecha por jóvenes en la Isla?


—En estos casos no hay nada seguro, pero no debiéramos alarmarnos. Esa escasez de materiales, desde un punto de vista cuantitativo, no indica necesariamente que la tendencia sea a una disminución progresiva. Existe un grupo de indicadores que afectan la estabilidad del evento, pero solo en apariencia. Uno de ellos, que considero natural, es la ausencia de varios realizadores reconocidos que ya no compiten, al sobrepasar el límite de edad establecido en las bases. Recuerden que el concurso es solo para cineastas cubanos menores de 35 años. En cambio, hay otros que ya comienzan a ganar créditos y serán una grata sorpresa para quien se anime a encontrarlos, y un grupo más numeroso de jovencitos que va iniciándose con lentitud, pero aún necesitan muletas para andar con paso firme. Por otra parte, hay muchos realizadores conocidos que por propuestas de trabajo, necesidad de crecimiento o superación profesional ya no viven en Cuba, o están temporalmente fuera de ella; sin embargo han conquistado importantes plazas y circuitos internacionales. Otros están inmersos en procesos creativos que tardan en cristalizar.

El hecho de que no participen de manera activa en la competencia no significa su renuncia o la extinción del cine cubano más joven. Además, hay un grupo importante que estará ocupado en los talleres de Haciendo Cine, perfeccionando ahí sus guiones y buscando financiamiento; al tiempo que otros forman parte del Jurado o del Comité de selección, participan fuera de concurso o en la Apertura fílmica, que este año promete.

—¿Considera entonces que no hay motivo de alarma?


—Yo no diría tanto. Simplemente debemos mantener la observación, para ver cómo evoluciona el cuadro clínico.


—¿Pudiera adelantar algún pronóstico?


—Preferimos ser reservados. Aún nos falta realizar los exámenes correspondientes para descartar varias patologías y dar un diagnóstico conclusivo, pero según mi experiencia puedo arriesgar algunas hipótesis.


—Sí, por favor, díganos de qué se trata. No soportamos más esta zozobra.


—El paciente presenta un síndrome complejo, cuyos síntomas principales son una bipolaridad galopante, en la que se alternan episodios de una feroz búsqueda expresiva y rasgos de autoría, con recaídas en un pasmoso convencionalismo; la tendencia a una concepción de personajes confundidos por una realidad que les ofrece caminos divergentes y difícilmente conciliables; un debilitamiento de la imagen propia y de la capacidad para afirmarse ante los demás, que puede desencadenar episodios de pánico (con mayor incidencia en el sexo masculino); una curiosa resistencia a los antibióticos y tratamientos universalmente aceptados; y una patológica tendencia a remontarse a estadios profundísimos de la memoria, síntoma este con una mayor incidencia en las féminas.
—Doctor, usted realmente me asusta. ¿Será este un brote incontenible?


—No lo creo. Ya hemos pasado por situaciones similares y siempre hemos sabido superarlas. En la literatura médica es posible encontrar casos altamente infecciosos que lejos de resultar dañinos aportaron numerosos anticuerpos que benefician a los pacientes de hoy.


—¿Entonces hay esperanzas?

—Por supuesto. Si mi ojo clínico no me falla, la Muestra de este año sigue siendo rica en su diversidad de enfoques, intereses y calidades estéticas. No puedo negar que hay propuestas muy atractivas y de una factura impecable, como también otras discretas, poco pretenciosas. Eso sí, todas mantienen cierta frescura joven no exenta de problemas. Nada que no se solucione con una adecuada rehabilitación.

—¿Quisiera agregar alguna recomendación especial?


—Solo recordar a la población en general y a los pacientes afectados que este síndrome es altamente contagioso, y la Muestra sigue siendo una oportunidad de diálogo respetuoso y profiláctico en función del arte. ¡A partir del 31 de marzo entramos en cuarentena y no sale nadie del cine! Con permiso, me llevo esta camilla, que acaba de entrar un nuevo caso.

Tomado de: Bisiesto, No. 0