Entre el set fílmico y la realidad

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No es nada nuevo el recurso que mezcla el cine con la realidad, o lo que muchos llaman “cine dentro del cine”, pero siempre los directores encuentran aristas inéditas que explotar.

 

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En Anatomía del amor aparente (Estados Unidos, 2014), su guionista y directora, Marina Rice Bader, se introduce en una historia de amor entre dos actrices que tiene su punto de partida en una filmación. Se origina una atmósfera cargada, tensa, en el estudio donde ambas intérpretes deben grabar de nuevo una escena íntima con vistas a la distribución de la cinta. ¿Qué ocurre entre ellas que algo tan sencillo, relativamente fácil de solucionar entre profesionales del histrionismo, genera tal conflicto?

De ello nos enteraremos al final y no cometeré la indiscreción de revelarlo. Solo diré que la cinta coloca otra vez el dedo en la llaga en torno a la relatividad de lo ficticio, los tabiques apenas divisorios entre la vida real y la representada, esta última apenas un trasunto de la otra, en la que un inmenso set nos obliga a actuar constantemente, a representar papeles y situaciones de la más diversa índole y, a veces, ajenos a nuestra verdadera personalidad.

La directora Rice Bader, sin embargo, desaprovecha el apasionante material que tiene entre manos para extraviarse en circunloquios y reiteraciones; por otra parte, intenta abarcar demasiados temas que, evidentemente, se le escapan. Las relaciones eróticas y humanas requerían, sin dudas, una mayor profundización que la que nos ofrece el relato, excesivamente ocupado en detalles que distraen y a la larga atentan contra la intensidad y concentración narrativas.

Pese a todo, Anatomía... logra captar el interés del espectador, y se anota puntos en la ambientación y la atmósfera, que reproducen muy fielmente las locuras de una realización cinematográfica; las actuaciones, la música y la edición son elementos que contribuyen a disimular un tanto las impericias de la puesta en pantalla y la falta de una escritura más visceral y fuerte, que como está tiende a confundir la ambigüedad de situaciones y personajes con la imprecisión y el desdibujamiento. Esto se deja ver sobre todo en el diseño de ciertos caracteres secundarios —como la asistente y la propia directora ficticia—, no suficientemente integrados al relato ni ricos en cuanto a caracterización.

Mas, las delgadas barreras que separan el cine, el arte todo, de la realidad que intentan aprehender y representar, una vez más se aborda en un filme que con sus limitaciones conmina a reflexionar sobre el tema.

(16-22/ 07/ 2015)

Tomado de: Cartelera Cine y Video, No. 117, julio de 2015.