O+ para el cine cubano

Comentario

-Oye, el de la cornetica, ¿tú no trabajas por la mañana, mijito?

-Ay Paco, deja eso chico…

-No chica, es que to´ los días con la puñetera cornetica… ¡Son las cinco y media!

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Vampiros en La Habana, de Juan Padrón

No hay encuesta que lo corrobore, pero se puede asegurar que este bocadillo ha sido repetido por el público cubano una y otra vez desde 1985 hasta la fecha, no sé… ¿millares de veces? Y a esta lista se puede agregar ¡E-e-enfermeeeraaa!; ¡Suéltala desgracia´o!; Así que pipirriqui, ¿no?; Mala mujer, te odio, te odio…; Rey del mundo, ¿tú tendrás un cigarrito ahí?, rey del mundo; Muchachoooo, ni lo intentes, ¡dámela!, entre otras frases icónicas. 

Sin dudas, Vampiros en La Habana, ese delicioso largometraje animado dirigido por Juan Padrón que este 18 de julio cumple su aniversario 30 de estrenado, es una de las películas cubanas más populares de todos los tiempos. Ello se debe a su bien concebida historia, de argumento original y estupendo guion, que provoca la risa con una facilidad envidiable y demuestra que cuando un filme tiene la capacidad de incitar la carcajada sin tener que acudir a la banalidad, permanece más tiempo en la superestructura de una sociedad que los que sí lo hacen. 

Una bomba explosiva resultó la mezcla de la conspiración por parte de la Capa Nostra de Estados Unidos y el Grupo Vampiro europeo para apoderarse de la fórmula que haría inmune los vampiros al sol, con la lucha de Joseph Amadeus Von Drácula, más conocido como Pepito, contra la dictadura de Gerardo Machado en la Cuba de los años 30. Estas dos tramas convergen de manera natural, sin imposiciones, por lo que la película ostenta nacionalismo sin pecar de chovinista, así como resalta la cubanía sin adentrarse en los predios de la vulgaridad.  

Escenas como la rumba en el puerto sobre las cajas en las que viajan los integrantes del Grupo Vampiro, Pepe en la tina haciendo burbujas con la trompeta mientras “la pelúa” lo mira extasiada, las viejitas escudriñando su desnudez en la calle cuando escapa por la ventana de la casa del Capitán, el corre corre en el cine y el acento de Werner, el tío de Pepe, que agrega “n” al final de las palabras, todavía se recuerdan hoy, luego de tres décadas.

Coproducida por el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), TV Española y Durniock Producciones, Vampiros… representa un punto de referencia obligatoria para la animación y cinematografía cubanas. Según el criterio de varios realizadores, la cinta constituye un paradigma en el doblaje de voces y la manera de enfocar la animación, lo que la convierte en una obra de culto dentro de este tipo de cine.

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Vampiros en La Habana, de Juan Padrón

Pepito, Lola, el Negro, Johnny Terrori, Werner Amadeus Von Drácula, el Capitán y demás personajes deben su simpatía a Frank González, Manuel Marín, Irela Bravo, Carlos González, Mirella Guillot y el propio Juan Padrón, quienes, entre otros actores, dieron vida a los mismos con sus voces. De hecho, algunos, trabajaron para más de uno, como es el caso de Marín, quien en exclusiva a Cubacine aseguró que Vampiros… ha sido una de las producciones más exitosas de la cinematografía cubana. “Tanto el tema, como el guion, la banda sonora, el diseño de los personajes y la genialidad de su director Juan Padrón hacen que esta película haya trascendido en el tiempo lo mismo en Cuba que a nivel internacional”.

La música, sobre todo aquella proveniente de la trompeta de Arturo Sandoval, es otro regalo de este filme, el cual ganó el Tercer Premio Coral en el VII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. La conga, la guaracha, el jazz y otros géneros se mezclan para brindar una fórmula exquisita como la del Vampisol.

Este largometraje de Padrón forma parte del cine cubano de los 80, considerado por muchos como “populista, concesivo y complaciente”1, mientras otros reconocen que fueron estos años los que “marcaron la única etapa en la historia del ICAIC en que este se acercó al modelo de industria cinematográfica, eficiente en términos comerciales y también artísticos”2. Sin embargo, lo que sí está claro es que el filme en cuestión fue uno de los que rescataron al público cubano y lo volcaron a las salas oscuras luego de una compleja década del 70 que afectó todos los ámbitos, incluido el cinematográfico.  

Vampiros en La Habana representó una dosis de O+ para el cine cubano. Su frescura, originalidad y capacidad para entretener son solo algunas de las cualidades que lo colocan en “lo más gustado” de la cinematografía nacional. Su secuela merece también aplausos, sin embargo, casi todos preferimos –y me incluyo-, la primera parte. ¿Por qué? Pues por los demás no puedo hablar y tampoco hay encuesta que responda esto, pero para mí tiene una magia insuperable, o al menos, difícil de superar, que le hace falta hoy día a nuestro cine. Un cine que necesita una inyección de sangre, que necesita O+.  

 

1 Díaz, M. y Del Río, J. 2010, Los cien caminos del cine cubano, Ediciones ICAIC, La Habana, p.71. 

2 Ibídem, p.61.