Otro filme de tristeza, Habana y esperanza

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La tensión flotaba en el aire. Por momentos sentía que en todos los lugares estorbaba y que todo el mundo estaba demasiado ocupado como para dedicarme tiempo. Son los últimos días de rodaje y los nervios están a flor de piel. Sin embargo, para mi fortuna varias personas del equipo hicieron un huequito en su agenda y conversaron conmigo sobre su trabajo en Últimos días en La Habana o Chupa pirulí, película de Fernando Pérez que este viernes dará fin a su etapa de filmación.

 

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En producción Últimos días en La Habana o Chupa pirulí, de Fernando Pérez (Fotos: Jaime Prendes).

Ese día se rodaba en la cocina de la Cafetería 25 y 12, la que está justo frente a la entrada principal de la Necrópolis de Cristóbal Colón, en el capitalino Vedado. Durante mi estancia allí, vi a Fernando solo par de veces fuera del local, y como estaba nervioso y concentrado en todo lo que tiene que estar concentrado un director de cine, decidí respetarlo y no “atormentarlo” pidiéndole declaraciones.

Sin embargo, en recompensa, pude hablar ¡dos veces! con uno de los actores principales de la película: Patricio Wood, aunque para él el protagonista del filme es la unión entre su personaje y el de Jorge Martínez, quien hace días terminó de filmar. Patricio se llama Miguel en este drama alegre -como lo define su director-, y vive junto a Diego (Jorge) en un solar de Los Sitios, Centro Habana.

“A estos amigos la vida los ha colocado en el final de un embudo, los ha fundido en la misma medida que los ha confundido. Los dos personajes son indivisibles. Diego representa el movimiento y el cambio, pero ya no tiene las posibilidades físicas para hacerlo –padece sida-; Miguel sí tiene las condiciones físicas, sin embargo, representa la quietud y el detenimiento en la vida. No obstante esta diferencia, a ambos los une un mismo sufrimiento”.

 

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En producción Últimos días en La Habana o Chupa pirulí, de Fernando Pérez (Fotos: Jaime Prendes).

Así caracteriza Patricio a grandes rasgos el gran personaje que él complementa. Su parte, Miguel, trabaja lavando platos en una paladar -de ahí la filmación ese día en la cocina de la cafetería-, y su ropa demuestra un aspecto descuidado. Él quiere irse de Cuba y Diego desea morir, ambas, maneras de ir bien lejos, como afirma este actor. “Pero la unión de los dos, el amor que se tienen, se convierte en un obstáculo para lograr sus propósitos”.

El hijo de ese otro grande de las pantallas que es Salvador Wood, me confesó que con este filme se está cumpliendo un sueño personal: el de trabajar con Fernando Pérez. “Lo sigo desde su primera película, Clandestinos, y siempre me ha cautivado su intensidad y énfasis en el trabajo con los actores. Es una persona que te deja entrar en su mundo respetándote el tuyo. Es un hombre que se entrega totalmente a su profesión. Si él hablase de otra cosa que no fuera la escena que va a filmar ahora, es que hablaría de la que va a filmar mañana. Con él no hay posibilidades de dispersión”.

Patricio llegó al filme por casting, como todos los actores, según me cuenta Gloria María Cossío, directora de este apartado y quien desde Suite Habana trabaja con Fernando. Su trato amable hace de la conversación un rato agradable y relaja un poco esa tensión contagiosa que de mí también se ha apoderado.

“Esta es una película de actores –me explica-, y por ello comenzamos el casting mucho antes de empezar la prefilmación oficial. Nos enfocamos sobre todo en los dos personajes principales y para ello probamos a varios actores de primera línea. Fernando gusta de filmar las pruebas para después verlas de nuevo y analizarlas con detenimiento. Así lo hicimos, él, el productor (Daniel Díaz Ravelo) y yo”.

“Un personaje que nos preocupaba es el de una joven de 15 años que desempeña un papel importante en la historia. Busqué en la Escuela Nacional de Arte (ENA), los grupos Olga Alonso y El hombrecito verde…, y al final la actriz escogida llegó al casting porque su mamá, que trabaja en el ICAIC, se enteró del mismo y la envió. Pensábamos que venía al día siguiente, y una hora después de saberlo, ya la teníamos delante de nosotros”.

También me habló Gloria María de la meticulosidad de Fernando con su trabajo, dice que vela porque cada imagen tenga un significado y no esté por estar. “Cuida cada plano”.

Y precisamente con el gran responsable de la imagen pude dialogar un instante también. El reconocido director de fotografía, Raúl Pérez Ureta, forma equipo una vez más con su amigo Fernando, a quien asegura respetar como un padre a pesar de ser más joven que él. Si logra el semblante de Raúl provocar la idea de que es un hombre de carácter fuerte y serio, -como era mi caso-, esa idea rueda por el piso cuando se conversa con él y descubre que es una persona afable, simpática e, incluso, chistosa.  

Austera es el adjetivo que utiliza el Premio Nacional de Cine 2010 para calificar la fotografía de Chupa pirulí, que es como nombra el filme su equipo de producción. “No hay rebuscamientos en ella, es una fotografía llana, plana, como de documental, no recrea nada, solo ve la historia que está pasando, y es una historia triste. A veces a los fotógrafos nos cuesta trabajo hacer este tipo de fotografía porque a pesar de ser una que se ve todos los días en la televisión, por ejemplo, cuando uno trata de asumirla es complicado. Es una fotografía dura para una historia dura”.

Según me contó Raúl, con su hablar bajito, a veces imperceptible, han tenido durante el rodaje altas y bajas. Él se siente complacido un “70 por ciento”, y asegura que ha sido un trabajo bonito sobre todo por la amistad que desde hace muchos años lo une con Fernando, a quien le propuso hacer una comedia musical la próxima vez que trabajaran juntos, porque “los últimos filmes han sido muy tristes”.

Sobre las cuestiones de producción, pude conversar con Rafael Rosales y Jesús Muñiz, primer asistente de dirección y responsable de los efectos especiales, respectivamente.

Rafael me esclareció que de las seis semanas de rodaje tres de ellas fueron en el solar de Los Sitios donde viven los dos personajes principales. Durante el tiempo restante se han hecho tomas de la ciudad, sobre todo de calles de Centro Habana y las zonas de La Habana Vieja que están sin restaurar, “porque aunque estos dos municipios han sido muy abordados en el cine cubano, es en ellos donde vive la mayor parte de la población, y a su vez, la mayor parte de ella vive de una forma precaria. A veces la televisión da una imagen que no es real, y nosotros queremos mostrar La Habana del cubano de a pie”.

Por su parte, Jesús me confesó que se necesitó lluvia para una escena de la película, así como nieve y la cremación de un cadáver. “Trabajos sencillos, pero que exigen dedicación”, me apunta este señor que, aunque ha sido el último de la lista, fue el primero en darme la entrevista.

Ya al atardecer, pasé cerca del set y vi que todavía estaba allí todo el equipo. Pensé, entonces, en el trabajo que se pasa para filmar una sola escena y la cantidad de requisitos imprescindibles para que una sola toma salga bien. Pensé en lo difícil que es hacer cine en Cuba por las cuestiones económicas y en las ganas de hacerlo que tienen tanto aquellos con parte del camino recorrido, como los que apenas comienzan.

También pensé que cuando los cinéfilos cubanos nos enteramos de que Fernando Pérez está haciendo una nueva película, nuestras expectativas saltan como chispas porque bueno... es Fernando, uno de los directores más importantes del cine cubano de todos los tiempos, y cuando alguien es bueno en lo que hace, siempre se espera mucho de él o ella y se olvida también que él o ella es un ser humano, imperfecto como cualquier mortal.

Utópico es vaticinar desde ahora qué acogida tendrá Chupa pirulí –como también me gusta nombrarlo a mí-, sin embargo, por lo que pude descubrir ese día, un poco más de lo que aquí he dejado -solo un poco-, esta es una historia que, como otras del Premio Nacional de Cine 2007, está concebida para conmover el espíritu y reflexionar sobre la vida. Una historia que no en vano su director llama “un drama alegre”, porque a pesar de incluir tristeza y sufrimiento, incluye algo más importante aún: esperanza.

(23-29/ 07/ 2015)