Filmes por episodios: 23 directores x 12 películas

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Aunque los filmes por episodios, relatos o cuentos no son privativos del cine italiano, una de las fórmulas con la cual la producción de ese país fue buscando el éxito entre el público “medio” ciudadano y el de los estrenos en los años 60 del siglo XX fue la del “filme por episodios”, a través del cual se intentaba unir en lo posible a actores de fama con guionistas de éxito capaces de tener para aquellos plausibles historietas.

El filme por episodios triunfó de manera especial durante 1963, 1964 y 1965, es decir, durante los años de la crisis cinematográfica; pero entre 1961, año en que la fórmula fue lanzada por Boccaccio 70, y 1960, año en el cual Amore e rabbia pareció constituir su último suspiro, aunque trató de mantenerse el esquema, circularon por las pantallas cerca de 50 producciones (a veces coproducciones generalmente con Francia) pluriepisódicas raramente filmadas por uno solo y casi siempre por dos, tres, cuatro, cinco y hasta seis directores.

La fórmula tenía, sin duda, algún precedente en los años 50, de los cuales incluimos El oro de Nápoles (1954), de Vittorio de Sica. Cuando la propuesta fue renovada en 1961 por el productor Carlo Ponti con Boccaccio 70, el propósito comercial era por lo tanto notablemente diferente (también porque en el ínterin se había diversificado el mercado), así como eran mayores las ambiciones culturales (también porque mientras tanto fue recalificándose levemente la demanda).

Por otro lado, el reparto de esa película que en aquel momento recaudó una cifra impresionante, había sido formado a partir de cálculos precisos de directores e intérpretes exitosos. La fórmula del filme por episodios renació en los años 70 a partir del análisis de que si un director, un actor y un guionista habían realizado un producto de éxito, unir a más actores más guionistas y más directores de éxito (se pensó) habría podido, sin multiplicar proporcionalmente los gastos, multiplicar el éxito comercial del producto.

En realidad esto no sucedió sino muy raramente y la fórmula fue practicada sin medida hasta el agotamiento del cuentito salaz, de invención frágil y caprichosa, de historieta con bromas y a veces de chiste sabiamente cínico. Grandes maestros del cine italiano incursionaron en esta modalidad a la que aportaron algunos clásicos en su género y contribuyeron al furor episódico. Algunas películas de sketches, como también se llamaron, fueron rodadas por un solo director, pero menudearon las de realización colectiva. En 1964, por ejemplo, llegaron a producirse 12 películas que reunieron cerca de unos 50 sketches.

El filón del filme por episodios, si bien tan intensamente aprovechado, sirvió tan solo para cubrir el vacío productivo y de inspiración de los tres años más críticos del decenio, a juicio de los historiadores. En el plano cultural, los resultados netamente positivos fueron raros: Il lavoro, de Visconti y La tentación del doctor Antonio, de Fellini (Boccaccio 70), La ricotta, de Pasolini (RoGoPaG), y, por supuesto, Los monstruos, de Dino Risi, objeto de una secuela una década más tarde. Risi fue el único que dio a este tipo de películas un sentido y un valor como espectáculos discutibles pero indudables. Este ciclo muestra 23 disímiles cineastas que convergieron en los créditos de una docena de películas por episodios.

(13-19/ 08/ 2015)