“¿Qué cine cubano tenemos ahora?”

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Aunque la interrogante que encabeza este texto fue solo una de las aparecidas en el panel Cine y cultura en el contexto cubano actual, pudiera nombrarse como el eje en torno al cual giró el conversatorio ofrecido por los críticos y estudiosos del séptimo arte, Dean Luis Reyes, Rafael Acosta de Arriba y Reynaldo Lastre. 

Pasado, presente y futuro del cine cubano fueron debatidos este viernes en el Centro Cultural Cinematográfico ICAIC Fresa y Chocolate, como parte de la Jornada por la Cultura Cubana que propone el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).

“Una de las revelaciones más jugosas que me produjo revisar varios de los estrenos cubanos recientes fue detectar en ellos la recurrente necesidad de manosear la cuestión de los legados”.

Así rompió el hielo Dean Luis, quien señaló que uno de los síntomas de la producción cinematográfica actual es la tendencia a revisar sus orígenes. “Pero en vez de un gesto autorreflexivo, que recicla y revaloriza tótems y símbolos tenidos por absolutos y definitivos, procede a enfrentar el peso de la Historia”.

Mediante la cita a otro de los importantes en el ámbito de la crítica en Cuba, Víctor Fowler, el crítico se refirió a la cuestión de los legados y la obligación de tejer su madeja de vínculos y referentes, como una manera de oscurecer la pregunta más decisiva acerca de la continuidad: ¿qué viene después de hoy?

Para responder la pregunta ¿qué cine cubano tenemos ahora?, el también autor del ensayo Contra el documento enumeró tres tendencias fundamentales. De ellas, “dos pertenecen a la tradición y resultan de evoluciones o involuciones de los discursos maestros del cine institucional”: la alegoría nacional y el vernáculo realista.

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Vestido de novia (2014), de Marilyn Solaya

Según el crítico, en los últimos tiempos la primera ha tomado como motivo predilecto el cuerpo de la familia, y tiene dos exponentes en La nube (Marcel Beltrán, 2013) y La obra del siglo (Carlos M. Quintela, 2015). La segunda, por su parte, se ejemplifica en Vestido de novia (Marilyn Solaya, 2014), Conducta (Ernesto Daranas, 2014) y Fátima o el Parque de la Fraternidad (Jorge Perugorría, 2014). La misma es la que cuenta con mayor poder de convocatoria en el público nacional, “por lo que asume la responsabilidad de sostener el vínculo de necesidad que para con su destinatario tiene la cinematografía socialista”.

La tercera tendencia, explicó, “la he calificado con apuro, para salir de ello rápido y mal, como relatos de baja intensidad dramática”. Venecia (Enrique Álvarez, 2014), Caballos (Fabián Suárez, 2015), Crepúsculo (Juan Pablo Daranas, 2015) y La profesora de inglés (Alán González, 2015) fueron los ejemplos citados. “Es una forma de cine capaz de eludir los lugares comunes del color local, el exceso de ilustración y el didactismo que ha gobernado al cine cubano de ficción”, apuntó el crítico.

En cuanto a los problemas que atraviesa la producción cinematográfica hoy día, el panelista señaló “la existencia de obras que no se ven, se ven mal, son mal jerarquizadas y, sobre todo, no son discutidas públicamente” como el aspecto más grave de la situación.  

Como caso específico citó el documental El tren de la línea norte, obra de Marcelo Martín, realizador independiente que para este proyecto contó con la colaboración de la Productora Caminos, del Centro Martin Luther King Jr. El tren… es una obra de denuncia social, que aspira a revelar la crisis de los pueblos cubanos, en su caso, usando a Falla, población del norte de Ciego de Ávila, como botón de muestra. 

Casi al finalizar su exposición, el crítico elogió la labor del grupo de cineastas conocido como G-20 que, desde su punto de vista, funge como el gesto democrático y de ejercicio de la ciudadanía activa más audaz de los últimos tiempos en la Isla. “Acaso se trate del más maduro ejemplo de producción de esfera pública que hayan generado las artes cubanas en décadas”.

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Caballos (2015), de Fabián Suárez

Por su parte, la intervención de Reynaldo Lastre estuvo orientada al cine cubano como objeto de escritura. Para el investigador, la producción literaria sobre nuestro séptimo arte ha tomado fuerza en la actualidad. No obstante, de las cuatro aristas que puede comprender la misma: historia, análisis, teoría y crítica, solo la primera y última han estado presentes en la mayoría de las publicaciones.

“Con excepción de algunos estudiosos, entre los que cabe señalar a Rufo Caballero, Víctor Fowler y Dean Luis Reyes, no existe un posicionamiento ambicioso que tense los límites de la interpretación a través del verdadero desmontaje y reconstrucción de un filme”, argumentó Lastre.

Asimismo, el crítico se refirió a la necesaria circulación de literatura sobre cine extranjero, para hacer comparaciones entre las tradiciones cinematográficas y los métodos analíticos puestos en práctica.

Sobre consumos culturales y marcos legales en la producción audiovisual conversó también Lastre. Este investigador sugirió que los debates sobre los consumos superen la línea de “el traspaso flash a flash, Internet y el monopolio del paquete semanal”, y se adentren en el terreno de los marcos de convivencia de estas formas, la transformación del tiempo de ocio de los espectadores o la capacidad para escoger dentro de tantas opciones.

Sobre el tema de los marcos legales, Lastre acotó: “En relación a una ley de cine, habría que contribuir a la circulación de una cultura, ya extendida y relativamente reciente, de estos nuevos marcos legales en distintas partes del mundo, así como las formas (programas de apoyo financiero) para llevar a buen término los productos audiovisuales (…) El conocimiento parcial de estas cuestiones puede acarrear malos entendidos”.

Sin dudas, el panel de la tarde del viernes –como buen panel- sirvió más para despertar inquietudes sobre la situación del cine cubano actual, que para generar respuestas. Ojalá de pie a otros conversatorios, ponencias y debates sobre nuestro cine, el cual, como cualquier arte, necesita de palabras y acciones que lo estremezcan de vez en cuando.  

(20/ 10/ 2015)