Marco Bellocchio en primera plana

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Desde su mismo debut detrás de las cámaras, a los veintiséis años, con Los puños en el bolsillo (I pugni in tasca, 1965), Marco Bellocchio, nacido en Piacenza en 1939, desató emociones que oscilaron de la fascinación por una parte de la crítica –al considerarse este filme una de las mejores óperas primas en la historia del cine italiano–, al rechazo en el Parlamento italiano –más de cuarenta diputados demócrata-cristianos clamaron por su prohibición– y a la controversia entre la crítica más conservadora, reacia a valorar en su justa dimensión aquel magistral retrato de la rebeldía juvenil contra lo establecido. Un crítico cubano escribió en ocasión del estreno de este filme, laureado con el Nastro d’Argento al mejor argumento: “Bellocchio destruye los valores que considera falsos (la familia, las tradiciones, etc., que han condicionado esta desorientación de su ´héroe central´) y lo hace de un modo en que cada frase está pesada, medida, relacionada”.

Bellocchio, uno de los directores más relevantes del cine contemporáneo –a quien el Festival de La Habana rinde homenaje con una muestra de su sólida filmografía en el cine 23 y 12 del 4 al 8 de diciembre–, abandonó la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Milán para matricular en el Centro Sperimentale di Cinematografía en Roma. Pero si la institución familiar estuvo primero en el centro de su atención para dinamitar sus pilares, en su siguiente película, La China está cerca (La Cina è vicina, 1967) representó un giro al introducir elementos de la comedia en la confrontación entre la falsedad burguesa y las veleidades de algunos falsos revolucionarios. En las siguientes, no cesó de arremeter contra otras instituciones: los internados católicos en En nombre del padre (Nel nome del padre, 1971); la prensa en El monstruo en primera plana (Sbatti il mostri in prima pagina, 1972); el manicomio en el documental Matti da slegare (1974), y el ejercicio del poder militar en los cuarteles en Marcha triunfal (Marcha trionfale, 1976).

“Me atrae la locura, y sobre todo, la locura de los ´sanos´ –declaró en una reveladora entrevista de 1979–; es decir, del hombre ´institucionalizado´. Si te detienes a pensarlo, ese ha sido el verdadero hilo conductor de mi cine. Por ello, un poco superficial y apresuradamente, algún crítico me ha definido como ´rabioso´, por haber tratado de desaunar los mecanismos de todas esas instituciones que, hasta ahora, sembraron la locura en mi vida, y no solo en mi vida, sino en la familia, la escuela, el ejército. Con respecto a la familia, pienso seguir dedicándome cada vez más a ese tema. Pero sin partir ya de sus núcleos originarios, sino de sus consecuencias últimas, las que sufrimos hoy por culpa de los condicionamientos del pasado. No hay tragedia, no hay infelicidad que no procedan de nuestra infancia”.

Consciente de que una película no puede cambiar ninguna situación política, Bellocchio defiende su absoluta necesidad de filmarlas, y al respecto puntualizó: “Mi naturaleza me obliga a provocar y a criticar a la clase dominante”. Sangre de mi sangre (Sangue del mio sangue, 2015), coproducción entre Italia, Francia y Suiza, la más reciente realización de Bellocchio exhibida en el Festival de Venecia, inaugura esta muestra de cinco títulos. En ella sigue dos historias situadas en tiempos diferentes, con protagonistas llamados Federico, en una es un hombre de armas seducido por la hermana Benedetta, quien será condenada a cadena perpetua por su pecado, y en la otra, siglos más tarde, la de un inspector ministerial que retorna al mismo lugar: un antiguo convento-prisión donde descubre que está habitado por un misterioso noble de hábitos nocturnos.

De los otros cuatro, tres constituyen también estrenos absolutos en Cuba, rodados a partir de guiones originales del realizador: En nombre del padre, en el que aborda los tempranos conflictos de un muchacho rebelde que entra en 1958 en una escuela de la Iglesia Católica, y Los ojos, la boca (Gli occhi, la bocca, 1982), acerca del regreso de un veterano actor al funeral de su hermano gemelo, quien dejó una nota con las causas de su suicidio, si bien su madre prefiere decir que ha sido un accidente. Esta coproducción ítalo-francesa reúne en el reparto a Lou Castel (Los puños en el bolsillo) con una muy joven Ángela Molina, acompañados por los franceses Emmanuelle Rivá y Michel Piccoli. El tercero es Bella durmiente (Bella addormentata, 2012), en el cual convoca a un grupo de personajes que se cuestionan el significado de la vida y la esperanza a lo largo de los seis últimos días de vida de una joven que vivió diecisiete años en estado vegetativo, un caso real que estremeció a la opinión pública italiana. Bella durmiente recibió galardones del Festival de Bari al Mejor Director, Partitura y Edición; premio Marcello Mastroianni a Fabrizio Falco en el de Venecia; premio David di Donatello a la Mejor Actriz Secundaria (Maya Sansa) y premio especial Nastro di Argento al actor Toni Servillo.

Enrique IV (Enrico IV, 1984), producida originalmente para la televisión italiana, pero estrenada en los cines, ilustra la inquietud de Bellocchio en un momento de su carrera en que se aproximó al teatro al filmar una versión de La gaviota, de Chéjov. Aquí adaptó la pieza homónima del siciliano Luigi Pirandello, cuyo personaje central es un noble a quien una caída de su caballo le provoca creerse Enrique IV. Este estudio de la naturaleza de la locura y de la ilusión proporcionó un personaje a la medida del gran actor Marcello Mastroianni, quien obtuvo el Globo de Oro en su país, secundado por Claudia Cardinale, Leopoldo Trieste y Paolo Bonacelli.

Sirvan estos largometrajes como preámbulo a la amplia retrospectiva que, al concluir el Festival, ha programado la Cinemateca de Cuba del 16 al 25 de diciembre de la obra de Marco Bellocchio, distinguido con el premio especial David di Donatello por su trayectoria en el 2014, quien al recibir pocos años antes el León de Oro por su carrera en el 68. Festival de Venecia, no claudicó al expresar: “Este premio no es una reconciliación institucional, pues a mí no me gustan el poder, ni las instituciones, y es justo que ellos me paguen con la misma moneda”.

Tomado de: Habanafilmfestival.com