Una muy nuestra introducción al cine

Comentario

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Sin temor a exagerar, me atrevo a afirmar que la más joven de todas las artes, esa séptima musa que irrumpió en las postrimerías del siglo XIX, es la que más han tratado de definirla, infructuosamente, tanto teóricos como sus propios creadores. Esos veinticuatro cuadros por segundo revolucionaron con insólita rapidez la historia de la cultura al extremo de marcar un antes y un después.  A los primeros balbuceos siguió la gradual articulación de un lenguaje propio que con el decursar del tiempo no ha dejado de complejizarse, y si en un inicio fue soslayado de los estudios culturales, luego fue objeto de atención primordial por algunas figuras cimeras de ese ámbito.

Recordemos que ya en 1928, nuestro Alejo Carpentier, entonces un bisoño cronista, escribió entre deslumbrado y profético: «El cine nos ha revelado la vida oculta y misteriosa del mundo en que vivimos; nos ha hecho ver con una plenitud que no conocieron los hombres de ayer... El cine es un gran arte, un arte magnífico, del que podemos esperarlo todo cuando empiece a salir del estadio de industrialización en que se encuentra actualmente.»

Introducción al cine, coescrito por los camagüeyanos Luis Álvarez Álvarez y Armando Pérez Padrón, que ve la luz en esta segunda edición corregida y aumentada por la cada vez más activa Ediciones ICAIC, seis años después de la primera. Sin lugar a dudas, el volumen representa el primer acercamiento sólido y completo en nuestro medio a lo que Abel Gance calificara como «la música de la luz». El Doctor Luis Álvarez, incorpora a su ya muy copiosa y plural bibliografía con la maestría que le caracteriza y ese tan innato como envidiable don pedagógico, un título en el que no dudó en sumar a la empresa a Armando Pérez Padrón, alguien de una enorme pasión por el cine, oculta quizás por algún tiempo tras un buró. Basta decir que sin su aliento y decisiva contribución no existiera el Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, evento único de su tipo en Iberoamérica, a cuyas sesiones teóricas Luis Álvarez y su esposa Olga García Yero tanto han contribuido.

La mayor virtud de sus autores reside en tratar de conducir los primeros pasos de todos aquellos interesados en el escabroso terreno del cine sin pretender que impere el afán didáctico o, como precisa el cineasta Fernando Pérez en su prólogo, «no quiere enseñar». Otro mérito estriba es tratar de abarcar desde los más disímiles ángulos un arte de tal dimensión a través de la selección de un filme ilustrativo como Blade Runner (1982), ese clásico realizado por Ridley Scott que señaló un punto de giro en su género. Quienes asistieron a su esperado estreno en 35 mm, nada menos que en ¡blanco y negro!, y luego apreciaron la versión original en video en sus colores originales, se percataron de la significación atribuida por el equipo de realización a cada elemento del vocabulario cinematográfico.

Una somera lectura al índice de este libro revela el dominio  del pensamiento teórico más actualizado, con particular atención al análisis semiótico de la obra fílmica —cuyo abuso tanto daño provocara—. No son pocos aquellos estudiosos que han pretendido aplicar al cine, sin tener en cuenta sus especificidades, idéntico aparato categorial al de las artes plásticas o la literatura para originar análisis fríos y estériles, con análogo entusiasmo al de un forense frente al enésimo cadáver que disecciona. Demasiado claro expone este volumen de insoslayable lectura su pretensión en este aspecto: «Ningún instrumento metodológico podrá suplir, pues la perspectiva esencial del analista, que tiene que basarse sobre una amplia cultura, en primer lugar cinematográfica, pero también artística en general. Este es el reto permanente que se alza frente al crítico de cine»

Introducción al cine se estructura en esta nueva edición en seis bloques: La integración de arte e industria, Estructuras organizativas, producción, festivales, Soportes textuales y materiales, El lenguaje del cine, En torno a la crítica de cine y Una tarea del siglo XXI: la alfabetización audiovisual. Es evidente que si Pérez Padrón disfrutó en la elaboración de todo lo relativo al proceso de realización que aborda en sus clases en la Facultad de Medios de Comunicación del Instituto Superior de Arte en Camagüey, Álvarez degustó con similar fruición el aspecto referido a los componentes textuales y materiales externos, además de los idiomáticos y auditivos.

Especial interés en esta admirable introducción reviste el acápite correspondiente a esas dos categorías esenciales de las artes narrativas que imprimen tanta fuerza al cine: tiempo y espacio. Sin olvidar el centro de atención, se multiplican los ejemplos, que van desde el genial Eisenstein al mexicano Alejandro González Iñárritu sin olvidar al espectador contemporáneo, no necesariamente asiduo a las funciones de la Cinemateca de Cuba por ignorancia o abulia.

No es ocioso reiterar que poseer una cultura cinematográfica, aunque cada vez más se impone la moda del término audiovisual, en nuestros tiempos es tan importante como estar dotado de una cultura general lo más amplia posible. Aunque discrepe con la tan poca sugerente cubierta —no obstante haber recibido el Premio Nacional de Diseño «Raúl Martínez» (2010)—, Introducción al cine desde ya, es uno de esos libros que no solo los profesores e investigadores integrarán a sus bibliografías de obligada referencia, sino que estudiantes y cinéfilos discutirán, por no carecer sus páginas de cuestiones provocadoras.

Coincido con el hacedor de Suite Habana en que este libro es «el inestimable resultado de ese amor por el arte cinematográfico», pero también puede considerarse como un fruto nacido del Taller Nacional de Crítica Cinematográfica, como lo es la Cátedra de Pensamiento Audiovisual «Tomás Gutiérrez Alea», que cada marzo convierte a Camagüey en la capital del cine en la isla.