Félix B. Caignet: entre lágrimas y sonrisas (I)

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Cuatro décadas transcurrieron ya desde aquel 25 de mayo de 1976 en que dejó de funcionar el corazón de alguien capaz de provocar no pocas taquicardias a los oyentes de sus radionovelas: Félix Benjamín Caignet Salomón. Nacido en Santa Rita de Burenes, San Luis, Santiago de Cuba, el 31 de marzo de 1892, Caignet fue un autodidacta de ley, que incursionó en la poesía, la composición musical, la actuación, la pintura y, por supuesto, la escritura de libretos radiales.

Tras laborar en varios sitios de su ciudad natal, comienza a escribir para diversos medios las noticias de los espectáculos culturales programados. Irrumpió en la radio en los años treinta a través de un programa de narraciones infantiles y luego de una serie didáctica también con destino a los niños que lo convierte en iniciador del género e introduce el género episódico en la radio cubana. Al radiar la canción infantil El ratoncito Miguel, que estrenó en 1932 en el teatro Rialto, el pueblo la utilizó para protestar contra el dictador Machado. Como consecuencia, Caignet permaneció preso por tres días en el Cuartel Moncada y fue puesto en libertad gracias a las manifestaciones de padres y niños oyentes de sus programas.

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La serpiente roja (1937), Ernesto Caparrós

Por estos años crea el personaje del inefable detective chino Chan Li Po, protagonista del primer espectáculo del género transmitido en la Isla. Desde la primera serie, La serpiente roja, introdujo el narrador dentro de un programa radial y adquirió un absoluto dominio del suspenso para dejar al radioyente con la ansiedad e interés de escucharlo al día siguiente. Estos episodios diarios, decisivos en su formación profesional y en la historia de la radio, alcanzaron tal popularidad que los propietarios de los cines, los incluían en su programación para garantizar espectadores. Para aprovechar este éxito, Ernesto Caparrós dirige a Aníbal de Mar, el mismo actor del espacio radial, en La serpiente roja (1937), versión cinematográfica de la serie, que sería el primer largometraje sonoro en la historia del cine cubano.

Con la transmisión en 1948 de la novela radial El derecho de nacer, Caignet deviene pionero del género en Latinoamérica al situar a Cuba en un lugar cimero como el principal productor y exportador de radionovelas. El cine también se nutrió de la faceta de Caignet como prolífico compositor al incorporar muchas de sus canciones a las bandas sonoras de numerosas coproducciones mexicano-cubanas. El bolero Te odio y el pregón Frutas del Caney son, quizás, los más conocidos de su obra musical que abarca variados géneros. Su filmografía como guionista la conforman once títulos. En noviembre de 1950 firmó un contrato por 30 mil dólares con los hermanos Galindo, productores mexicanos, por los derechos de filmación del melodramón El derecho de nacer; esta primera versión inicialmente iba a ser dirigida por Emilio Fernández.

Caignet integró junto a Roberto Martínez Rubio y Agustín P. Delgado la compañía Cub-Mex (1953-1956), con el fin de promover las adaptaciones fílmicas de sus argumentos lacrimógenos algunos de los cuales por sus tremebundas situaciones suscitan hoy sonrisas. Esta productora financió: Los que no deben nacer, Ángeles de la calle, La mujer que se vendió, ¿Mujer... o fiera?, Morir para vivir, El monstruo en la sombra (que seguía las aventuras de Chan Li Po, ahora en tierra mexicana), La fuerza de los humildes y El tesoro de Isla de Pinos. En las películas se advierte la decisiva influencia del origen radial, sobre todo por los profusos diálogos con una marcada tendencia a la cursilería que provocaron duras críticas. A fines de los años 60, Caignet anunció haber terminado la opereta Sor Cascabel mientras trabajaba en una zarzuela titulada Barracón y escribía con destino al cine la comedia musical: La carcajada del ron.

El más humano de los autores (Ediciones Unión, 2009) es el título del hermosísimo libro que consagrara Reynaldo González a este muy prolífico autor, sobre quien escribió: “Por sus alegatos contra las drogas y la apropiación de lo ajeno, verdaderas campañas desde la radio, y por su condolencia por las víctimas, a Caignet comienzan a llamarlo el más humano de los autores. Toda su actividad tiene a cumplir los objetivos de ese mote”. La Cinemateca de Cuba rememorará todos los martes de mayo y junio la huella en el cine de Félix B. Caignet, que siempre se propuso llegar a las masas y, según sus palabras, “nunca pretendió escribir ni La divina comedia ni El Quijote”.

(19-25/ 05/ 2016)