Cuerpos ardientes y corazones extraviados

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Desde su nacimiento, el cine ha tenido un compañero de viaje, y de cama, con ciertas variantes de la sexualidad como erotismo, afrodisiaco, dionisiaco o hedonismo, términos que acompañan a la civilización desde la Antigüedad griega hasta el presente. Nada es nuevo bajo el sol en términos de sexo, y la pintura, la imprenta, la fotografía y por supuesto el cine aportaron liberalidades crecientes en cuanto a lo permisible y tentador en el afán humano de dar y recibir placer.

El Ciclo Erótico: entre la pasión y la venganza reúne doce títulos memorables, muy recientes en su mayoría, con algunas inclusiones de los años noventa, y la presencia de la muy poco vista en Cuba El imperio de los sentidos (1976), una de las primeras películas innegablemente artísticas sobre el poder arrasador de la pasión, con escenas de sexo bastante explícitas. Una sirvienta se hace amante del propietario del hotel donde ella trabaja, y ambos exploran los límites del placer.

En cuanto a los filmes de los noventa, vale recomendar especialmente la mexicana La tarea (Jaime Humberto Hermosillo, 1991) sobre un ardiente recuentro entre dos antiguos amantes, con el morbo añadido de una cámara de video, escondida por ella en un lugar estratégico, para cumplir con un trabajo para la escuela de cine y filmar todo lo que ocurra entre ellos. Y tanto la india Mira Nair como el español Bigas Luna conocen el potencial erótico de una joven que se instruye en las artes del sexo como demostraron en las respectivas Kamasutra, una historia de amor (1996) y Las edades de Lulú (1990).

En cuanto a los filmes más recientes, está la muy elogiada Vergüenza (Steve McQueen, 2011), con Michael Fassbender interpretando con absoluta entrega a un personaje adicto al sexo, y obsesionado por tratar de llenar el vacío que le provocan la sucesión interminable de coitos. Y sobre prácticas sexuales peculiares, capaces de satisfacer las más ocultas tendencias, tratan Swingers (Colin Kennedy, 2015) que presenta los entresijos de los intercambios de pareja y Cincuenta sombras de Grey (Sam Taylor-Johnson, 2015), con otra joven inexperta seducida por el deseo.

Espectacular y un tanto frívola es la coproducción Eisenstein en Guanajuato (Peter Greenaway, 2015), que intenta explicar vida y obra del autor de El acorazado Potemkin durante el rodaje de ¡Que viva México!, y a partir de la relación con un joven guía que le despierta un nuevo erotismo y otro modo de ver el mundo. Y en esa misma línea concerniente al erotismo masculino visto desde el prisma homosexual incursiona la coreana La flor congelada (Ha Yu, 2008), que por otro lado describe una impresionante y romántica reconstrucción de época.

Por supuesto que en un ciclo de esta naturaleza es importante contar con los italianos, compatriotas de Boccaccio y Casanova. El realizador Tinto Brass se especializó desde los años setenta en las provocaciones del llamado soft porn, y a esta variante pertenece Las perversiones de Livia (2000) sobre una mujer madura, ninfómana, que desea enloquecidamente a un joven teniente alemán de las SS, mujeriego y jugador.

El ciclo se completa con Molina´sFerozz (Jorge Molina, 2010) uno de los escasos intentos del cine cubano en los terrenos del desnudo y el erotismo combinados, mientras que en representación de España está El sexo de los ángeles (Xavier Villaverde, 2011) sobre uno de los temas más habituales en este tipo de cine: una pareja se encuentra con una persona que trastoca sus prejuicios y allana tabúes sobre fidelidad, exclusividad y roles sexuales.

(7-13/ 07/ 2016)

Tomado de: Cartelera Cine y Video.