Luigi Comencini: un maestro para todos los géneros

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Si bien todos coinciden en que es uno de los maestros indiscutibles de la Commedia all’italiana, lo cierto es que Luigi Comencini, ese cineasta de quien festejamos el centenario de su nacimiento en Saló, Brescia, el 8 de junio de 1916, es considerado como uno de los realizadores italianos más difíciles de clasificar.

Por eso hemos preferido subrayarlo en el título de esta muestra que rinde homenaje al gran cineasta popular —en el mejor sentido del término—, conscientes de que cuando la comedia costumbrista se limitaba a desempeñar el papel de testigo sarcástico señalando con el dedo sin tocar los vicios de la sociedad, él apelaba a otro género acorde con sus inquietudes. Basta mencionar Los embotellados como ejemplo de un filme metafórico en que utilizó sus armas favoritas: la risa, la crueldad, el realismo implacable para decir muchas verdades sin edulcoramiento alguno; mientras en Delito de amor explora temas que también interesaron a quien debutó con Prohibido robar (1949).

Cuando trataron de encasillar al exitosísimo creador de Pan, amor y fantasía entre los que concebían el cine solo de pura distracción, se negó a filmar el tercer filme de la serie y sorprendió con otros en los cuales se comprometió con la realidad circundante en todo su dramatismo (Todos a casa), esa misma que había sido objeto de atención en sus documentales.

“Yo no soy ni un tranvía ni un auto que tiene prisa en llegar. La cultura, las ideas, no marchan sobre rieles fijos”, expresó en una entrevista. “Yo tengo necesidad del espacio, de salir de las autopistas cada cinco minutos tanto para un trabajo de investigación profesional, como para satisfacer ciertas exigencias culturales que me impulsan a buscar historias, hechos, personajes en los lugares donde menos los esperan”.

Comencini, quien aportó un título a la serie de Don Camilo para pagar una deuda con el productor Rizzoli, halló en la literatura un punto de partida para disímiles adaptaciones, desde Carlo Cassola (La chica de Bube), hasta Florence Montgomery (Incomprendido), Carlo Collodi (Las aventuras de Pinocho), Edmondo de Amicis (Corazón) y Elsa Morante (La historia). Su particular interés en el universo infantil suscitó que lo etiquetaran como “el cineasta de los niños”.

Miradas picarescas a la historia no faltan en la amplia filmografía del director de La mentirosa, que trabajó con los más importantes guionistas y dirigió no solo a la plana mayor del cine italiano, sino que hasta contó con Bette Davis y Joseph Cotten en Lo scopone científico (1973), uno de los títulos de estreno en la Isla que presentamos en esta selección de su obra.

Por supuesto que su nombre fue una constante recurrencia en los filmes de sketches, episodios o cuentos que tanto proliferaron en el cine de su país de los años sesenta y setenta (y que excluimos de esta muestra por haberle consagrado una especialmente en la programación veraniega del año pasado). “Hacer un filme que no tenga éxito es como construir una casa inhabitable”, declaró este hombre que falleció en Roma el 6 de abril de 2007 y cuya impronta evoca la Cinemateca de Cuba.

(14-20/ 07/ 2016)