Un país sin imagen, es un país que no existe

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Realmente debemos dar muchos vítores –todos los posibles– a la iniciativa patrocinada por la Unesco y el Consejo de Coordinación de las Asociaciones de Archivos Audiovisuales, a partir del 2005, de conmemorar cada 27 de octubre el Día Mundial del Patrimonio Audiovisual.

Cada cinemateca miembro de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF) –y la de Cuba lo es desde 1961– festeja la proclamación de ese día, aprobada en la 33 Reunión de la Conferencia General de la Unesco. La salvaguardia y la conservación de las imágenes en movimiento es prioridad de todo archivo audiovisual como parte del patrimonio cultural de cada nación.

La Cinemateca de Cuba celebra este aniversario en circunstancias especiales por haber contribuido en fecha reciente a la restauración digital del clásico Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, en el prodigioso laboratorio L’Immagine Ritrovata, a iniciativa de The Film Foundation’s World Cinema Project, liderada por Martin Scorsese. La institución cubana, paralelamente, reanimó un proyecto promovido des­de hace varios años por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Ho­lly­wood con el fin de restaurar los negativos de otros dos títulos notorios en la filmografía de Gutiérrez Alea: Una pelea cubana contra los demonios (1971) y La última cena (1976) y suscribió un convenio con el Departamento de Cine de la Universidad de Los Ángeles para integrar cinco obras producidas en la Isla a un programa que abarcará clásicos del continente.

Como una histórica iniciativa de la Cinemateca de Cuba debe reconocerse el registro de las 1 490 ediciones del Noticiero ICAIC Latinoamericano en el Programa Memoria del Mundo de la Unesco. Otras colecciones deben valorarse cuanto antes para garantizar su preservación.

“Dar nueva vida al cine clásico” fue el tema cardinal del 72 Congreso de la FIAF, celebrado en junio pasado en Bologna, donde en el Festival Il Cinema Ritrovato se presentaron tres programas de cine cubano correspondientes a la primera mitad del siglo XX. Entre los títulos incluidos figuró el metraje sobreviviente del documental El parque de Palatino (1906), único que se conserva de la prolífica obra del pionero Enrique Díaz Quesada, y que fuera objeto de restauración y digitalización.

Esta copia la programó la Cinemateca para una función especial en el Multicine Infanta este 27 de octubre a las 6:00 p.m., acompañada por un título del cine francés restaurado: Pepé le Mokó (1937) de Julien Duvivier, de obligada referencia como antecedente del género policiaco. Excluimos la nueva copia de Memorias del subdesarrollo, porque significará un auténtico redescubrimiento para todos en el venidero 38 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Es de lamentar que nos veamos obligados a admitir la pérdida irremediable de gran parte del patrimonio audiovisual del mundo. Entre los factores que han incidido –e inciden– figuran la negligencia, el deterioro progresivo, la solución facilista de destruir, la carencia de recursos y la insensibilidad de quienes deben decidir sobre ese legado.

Todo minuto que transcurra sin acciones para preservar el patrimonio audiovisual es un minuto contra el patrimonio de un país. Un minuto que desaparezca por cualquier motivo implica la pérdida de la información clave que se registra de los siglos XX y XXI, parte integrante de nuestra historia e identidad cultural.

Los esfuerzos e iniciativas de las autoridades –plenamente conscientes de la imperiosa necesidad de adoptar con urgencia todas las medidas requeridas–, deben aunarse a toda aquella persona e institución de cualquier parte interesada en alistarse en esta batalla contra disímiles obstáculos y vencer a ese enemigo que es el tiempo.

Frente al peligro que amenaza los archivos por la incidencia climatológica –agravada en nuestra isla por el elevado porciento de humedad–, la carencia del presupuesto y de personal técnico calificado que exige la perenne labor de conservación, cuanto se emprenda para proteger las identidades del mundo, coadyuvará a evitar la advertencia lúcida de Julio García Espinosa (1926-2016): “Un país sin imagen, es un país que no existe”.

Tomado de: Granma.cu