Amores masculinos en Nigeria

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Aun cuando los temas sobre diversidad sexual son ya una constante en el cine contemporáneo de todas partes, no se encuentran frecuentemente cuando los marcos geográficos salen del Primer Mundo. África, por ejemplo, es una región que no tiende a exponer conflictos de este tipo.

Por ello resulta doblemente interesante apreciar un filme como Rag Tag (Nigeria, 2006), que fue dirigido por una mujer, Adaora Nwandu, nacida en Londres en 1978, pero en contacto con ese país africano, de donde son oriundos sus padres.

Dos jóvenes negros intiman desde niños, al punto de dormir juntos; cuando se reencuentran, ya adultos, con profesiones diferentes, comienza una pasión que debe enfrentarse a prejuicios familiares y sociales. Sí, porque no es solo el hecho de la homosexualidad, sino del cisma que se establece entre sus perfiles y procedencias: uno, abogado, establecido y perteneciente a la clase media alta; el otro, no profesional, de origen humilde, ambos con proyecciones heterosexuales al tener respectivas parejas femeninas, con quienes —y en definitiva, ante todo— deben en un momento decidir, principalmente Rag, cuyo padre es un homófobo fundamentalista, y a quien el hijo se enfrenta con las armas de la propia Biblia.

Si bien la joven directora logra desarrollar el conflicto con suficiente interés para que el espectador se sienta motivado de principio a fin, saltan a la vista no pocas flaquezas del guion, urgido de un mejor amarre en varias situaciones esenciales; por ejemplo, el viaje a Nigeria (pues como la propia Nwandu, los personajes se mueven entre Inglaterra y África), precisaba de un mayor desarrollo respecto al contexto que recibe a los visitantes, en el cual no faltan las tendencias (incluso explícitas) de tipo homoerótico.

Tampoco resulta clara la operación turbia, incluso delictiva, que los protagonistas deben asumir allí, y con la que están jugando en más de un momento para declinar al final; un final, a propósito, teñido no solo de un apresuramiento y una violencia dramatúrgica ostensible, sino de un optimismo un tanto ramplón, equiparable al happy end de sello hollywoodense, aun cuando el rumbo de la historia marchó hasta entonces por otros senderos nada complacientes.

De cualquier modo, Rag Tag (que en el plano histriónico también exhibe desempeños al menos desiguales) es una experiencia válida por cuanto nos introduce en un mundo, unas costumbres, unos seres de los que poco o nada conocíamos. Pese a sus limitaciones, el filme resulta explícito acerca de algo que sí ya sabíamos: las dificultades para dar rienda suelta a la verdadera identidad, a los amores que se salen de la norma bendecida por leyes ancestrales, parcializadas y excluyentes, aquí o en Nigeria, y contra de las cuales la película se manifiesta, en pro de la libertad entendida en su más amplio sentido.

(9-15/ 02/ 2017)

Tomado de: Cartelera Cine y Video, No. 136, febrero de 2017.