Icíar Bollaín, de mujeres, viajes y otros cuentos

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Icíar Bollaín anunció en la conferencia de prensa de la Muestra de Cine Español que el bailarín cubano Carlos Acosta sería el protagonista de su próxima película.

“Está inspirada libremente en su autobiografía, pero no la recoge toda. Algunas cosas del libro no estarán en la película y otras sí, pero no como en el libro, pues son un poco fruto de la imaginación del guionista que es Paul Laverty”, adelantó la directora a Cubacine.

“El espíritu es un poco la trayectoria de Acosta desde que es un niño en el barrio de Los Pinos, se convierte en un bailarín del Royal Ballet y vuelve ahora a Cuba con su compañía, que también participa en el filme”, expresó Bollaín, quien minutos antes de la proyección de su filme El Olivo, habló sobre toda una carrera fílmica que ha ido creciendo en temas y reconocimientos.

Usted ha trabajado guiones, sola y en compañía de otros autores. ¿Cuáles son las pautas que nunca faltan durante la elaboración de un guion?

Escribir guiones para mí es lo más difícil. También por eso busco compañía, porque es una tarea muy solitaria. Prefiero hacerla por lo menos con alguien con quien compartir las ideas y las dudas.

Lo que es común a todos los guiones es hacer una buena investigación del tema que vayas a tratar. No importa incluso si vas a contar algo personal, me parece que cuando uno investiga y lee alrededor del tema, le vienen muchas ideas y lo hace ser más original, que si solamente saliera todo de tu cabeza. Es muy difícil encontrar tantas cosas solamente de tu propia imaginación.

Evidentemente, luego lo elaboras todo y no es un documental, ninguna de mis películas, salvo una, es documental, son todas de ficción.

La investigación, además, es una fase muy bonita, en la que aprendes muchas cosas y hablas con muchas personas. A mí me gusta hacer entrevistas. Es un momento donde todo es posible. Luego, cuando te pones a escribir solamente queda una vía, pero cuando estás investigando, todos los caminos valen. Es una fase muy creativa, rica, es la que más me gusta.

Creo que siempre te tienes que preguntar si lo que vas a hacer tiene interés no solamente para ti, sino para más personas. Si de alguna manera es universal y va a entenderse más allá de tus fronteras.  

También te tienes que preguntar si vas a aportar algo, porque hay tanto cine, que a veces me pregunto, ¿bueno esta película aportará algo o es una película más? Debes intentar que al espectador le quede al menos una reflexión, una emoción. Y entretener, por supuesto, porque si no entretienes, es un pecado.

En el caso de El Olivo, con guion de Paul Laverty, ¿tuvo participación durante el proceso de escritura de alguna forma?

Cuando hago mis guiones estoy implicada completamente. Cuando es el guion de alguien más, como es el caso de El Olivo, estoy relacionada de otra manera con el guion. Laverty me plantea el tema, y si lo acepto él comienza a escribir. A partir de ahí cada vez que hay una versión del guion la compartimos, la discutimos, le hago preguntas, le pongo en duda cosas que no me funcionan, le hago notar cosas que sí, pero la escritura es suya y la creación de personajes también. Voy como a su lado, pero es un trabajo de Paul.

En varias de sus películas los personajes femeninos tienen una complicidad, diríamos sororidad, hablando en términos feministas. ¿Es esta relación un interés marcado para que se refleje así en pantalla?

En la primera (¿Hola, estás sola?, 1995) no fue buscado. Creo que surgió porque pienso que las mujeres entre nosotras tenemos muchísimo que aportarnos. Y es mi experiencia, que siempre ha sido mucho más positiva que negativa. Creo que en la primera fue por intuición y en la segunda (Flores de otro mundo, 1999) también. Ya he sido más consiente en las otras, pero no lo busco. Es que creo que las mujeres tenemos mucho en común, mi relación con las mujeres es buena.

Creo que hay una serie de ideas en el patriarcado, muy convenientes, acerca de si las mujeres nos llevamos mal. Y es una gran falsedad. O sea, hay rivalidad como la hay en la vida, pero creo que hay muchos estereotipos sobre las mujeres que son falsos. Hay mucho cine visto desde la mirada masculina, porque prácticamente lo han hecho siempre ellos y creo que nosotras tenemos que añadir cómo lo vemos.

¿Cómo ha trabajado con las actrices esta complicidad?

La química entre los personajes femeninos la trabajo igual que entre las parejas, o entre los personajes masculinos. En las películas hace falta que haya química entre los personajes.

No hago algo especial con las mujeres, es que en la realidad surge.

En la película El Olivo, entre la protagonista, el tío y el chico, se creó una complicidad que buscaron ellos. No la tuve que forzar porque surgió espontáneamente. Pero también entre las dos amigas y la protagonista crearon una relación muy bonita. Cuando está en el guion, los actores la buscan y la encuentran, si tienen buena fe. O sea que no es algo que busco explícitamente, ocurre.

En sus filmes el uso de la música es clave sobre todo al principio y al final. En El Olivo también, ¿cómo es el trabajo con este elemento?

En El Olivo, el músico es excelente, se llama Pascal Gaigne, un francés que vive en España. El sentimiento estaba claro, pero la película tiene también un poquito de cuento, moderno, porque no es de hadas. La música ayuda a darle una especie de ligereza emotiva que envuelve todo y te dice que lo que estás viendo no es verdad, pero podría serlo.

Es una música como con encanto. Es quitarle un poquito el realismo y darle candor a la historia. Esa fue un poco la tarea de Pascal, que encontró la emoción y el sentimiento, y lo puso ahí.

La dirección de arte es una especialidad que se ve reforzada en sus películas corales, digamos Flores de otro lugar (1995) y Mataharis (2007) ¿Pudiera argumentar el por qué?

En todas las películas tú te planteas cómo se van a ver. No llegas allí y pones la cámara en cualquier lugar, sino que es un trabajo previo. Siempre hago en casa storyboards, porque la puesta en escena está contando la película. Es un trabajo que considero fundamental.

Con las películas he ido aprendiendo también de la dirección de arte. Al principio quizás era más sencilla, más realista, naturalista, pero con el tiempo he ido asimilando yo también que con los colores se están narrado cosas, con los tonos; con lo que se ve o no se ve; con la selecciones que haces de los decorados.

En su filmografía el movimiento es una acción importante. Sus personajes pueden ir de un estado español al otro, también de un país al otro. ¿Es parte de su filosofía?

La verdad hay mucho viaje en mis películas. El viaje es una estructura clásica. Pero curiosamente al final casi en todas hay alguien que viaja y alguien que se mueve, que cambia de vida o que inicia una. No sé muy bien por qué. Hay muchas cosas que si las analizas todas juntas notas que se repiten, pero no le he hecho de manera consciente, supongo que me atrae. En el fondo son todos viajes interiores.

Pudiera hablar de CIMA (Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales), de la cual es fundadora. ¿Cuáles son actualmente sus principales objetivos?

Hace más de 10 años nos dimos cuenta de que en los años noventa había varias directoras españolas, y que previamente a nuestra generación había literalmente tres. En los noventa surgimos cerca de treinta directoras. Pensamos optimistamente que eso era algo natural y que se equilibraría pero no fue así, seguimos hoy siendo no más de siete u ocho por ciento de las directoras en España.

De todas formas es una asociación de cineastas, porque aunque los fundamos las directoras, incluye a todas las especialidades.

La creamos porque creo que la falta de directoras afecta el cine, afecta el audiovisual que vemos. No es plural, no es diverso. Hay una mirada muy masculina sobre los personajes. Entonces creo que si en la dirección, en el guion y la producción, que son las tres figuras que deciden qué se cuenta, no hay mujeres pues no vamos a tener un audiovisual muy diverso. Desde la Asociación hemos encargado distintos estudios y las cifras lo dicen: el ochenta por ciento de las películas están protagonizadas por hombres de no más de treinta años, blancos y heterosexuales, eso no representa la vida.

Nos juntamos con la idea de promocionar, de hacer lobbys y de fomentar desde todos los ámbitos la presencia femenina.