Documentales cubanos por el día de la cultura

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Aunque algunos piensen de otra manera, el cine sigue siendo parte activa de la cultura nacional. Y por tanto el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos estrena dos documentales: Manuela, el rostro rebelde del cine cubano, de Manuel Jorge, y Soñar a toda costa, dirigido por Carlos León, que se insertan en las celebraciones por la Jornada de la Cultura Cubana. Ambos trabajos destacan por la virtud de saldar una deuda con las contribuciones artísticas y las improntas creativas de dos personalidades dignas de tales homenajes: la actriz Adela Legrá y el cantautor Augusto Blanca.

Para titular su documental, Manuela, el rostro rebelde del cine cubano, Manuel Jorge eligió la referencia a dos de los momentos claves e iniciales en la carrera de Adela Legrá, y por ello se alude a la participación de la actriz en el cortometraje Manuela, pórtico de su carrera cinematográfica, mientras que la mención al rostro rebelde tiene que ver con el famosísimo fotograma de Lucía, la obra mayor de Humberto Solás, y uno de los títulos claves en nuestra historia artístico-cultural. Así, Manuela, el rostro rebelde del cine cubano se vale de precioso material de archivo, y de las entrevistas a diversos conocidos y compañeros de trabajo, con tal de enriquecer el testimonio de la protagonista, cuyas parcas intervenciones consiguen aportar la naturalidad propia de esta mujer, compulsada a rememorar experiencias personales.

Carente de todo florilegio o sobresalto formal, Manuela, el rostro rebelde del cine cubano consigue recrear esa actitud indómita y retadora que trasmitían las instantáneas de Adela Legrá, una actriz con un lugar indiscutible en la historia del cine nacional, un lugar que el documental le reconoce con sobrados argumentos.

Tampoco el trovador, artista multifacético que es Augusto Blanca, ha sido lo suficientemente reconocido en tanto autor de algunas de las más bellas canciones de amor que se han escrito en Cuba durante los últimos cincuenta años, y no lo digo yo, lo asegura una autoridad en el tema como Silvio Rodríguez en el documental Soñar a toda costa, que se adentra en las fuentes de inspiración de una obra no por copiosa y versátil menos valiosa, y por ello se remonta a la infancia del creador en Banes, y su juventud en Santiago de Cuba.

Augusto Blanca dialoga con la cámara fluidamente, de modo que el recorrido biográfico está sembrado de adelantamientos cronológicos, anécdotas más o menos relevantes, y sobre todo canciones que Augusto reinterpreta con su guitarra, o que invaden la banda sonora y le confieren al documental, por ósmosis, el vuelo poético de obras maestras como El tercer deseo, Regalo número Uno o Soñar a toda costa, que le confiere certero título a este documental en tanto expresa, sin medias tintas, la fe de vida del protagonista en tanto amante de la canción poética, la de pensamiento, esa que ya no está de moda pero que imprescindiblemente está ligada a las más hermosas tradiciones musicales de este país.

Seguramente pudiera reprochársele al documental ciertos emplazamientos de la cámara; tal vez son demasiado arriesgadas las recurrentes dispersiones narrativas, pero solo quiero recomendarle con todo entusiasmo Soñar a toda costa, aunque solo sea para disfrutar canciones concebidas desde la responsabilidad estética, la ternura y la delicadeza, tres virtudes cada vez más raras en tiempos de sexismo, violencia verbal y reguetón.

Porque ya lo dicen con toda razón Augusto Blanca y Carlos León en este documental, lo difícil, lo tremendamente hermoso, es cantar a toda voz, correr el riesgo, lo difícil es soñar a toda costa, no pedir nada a cambio, no hacer trampas. SALUD Y SUERTE PARA TODOS.