Epílogo para guionistas
Mayle González Mirabal
Enrique Pineda Barnet tiene el arte de penetrar las cosas cuando las mira, y lo logra con una vertiginosa asociación de ideas. Tiene una comprensión inmediata —por simpatía— con la realidad y mucha libertad para decir lo que piensa. El secreto está probablemente en que Pineda se expresa con toda la subjetividad de su ánimo justo y generoso, sensato y divertido. Director y guionista de cine y video, es también periodista, crítico, publicista, actor y locutor. Escritor de teatro, danza, ballet, poesía, novela, cuento y textos musicales. Demasiadas razones para que la Muestra lo prefiera a él.
Por segunda vez, Enrique viene a Cienfuegos para tutorear el taller de desarrollo de guiones para obras de corta duración. El taller es otro de los proyectos del Cine Pobre para incentivar la creación audiovisual de los que hacen sus películas en la frontera de la industria. Este año se eligieron cinco argumentos que tratan temáticas relacionadas con población.
«De la falta de historias bien contadas —explica Pineda— se quejan críticos y espectadores cuando se refieren a los materiales que cada año se exhiben en los diferentes festivales. La Muestra ofrece la posibilidad de rearmar las maneras de contar esas historias. Y es que a la dramaturgia no podemos evadirla. Si queremos que una película sea interesante, necesitamos dramatizar un conflicto que provoque las emociones o al pensamiento.
«Muchos de los que participan vienen llenos de ideas, de imaginación y con buenas propuestas en sus argumentos, pero no es suficiente. Hay que ejercitar el talento para poder decir algo que verdaderamente interese. En esto deberían pensar más los organizadores de eventos relacionados con el cine, pues muchas veces soslayan la importancia de la dramaturgia.
«Los talleres son imprescindibles para saber qué se quiere hacer y a dónde se puede llegar. No se trata de cerrarnos en una escuela específica, pero sí es muy saludable conocer las distintas tendencias que existen. Hay que estudiar un poco esas escuelas, creo que es más útil que ponerse a divagar. De lo contrario, asoma sin frenos esa capacidad alarmante que tiene la gente para hablar sin decir nada. Disfruto compartir con los jóvenes porque veo en ellos dos valores imprescindibles: inspiración y muchas ganas de hacer.
«Nuestro trabajo es entonces andar en esa dirección, porque es muy triste ver cómo se diluyen historias audaces y conflictos urgentes de tratar… La Muestra es una oportunidad para provocar a los creadores y darles ese impulso inicial para que su talento aflore.
«Hablar entonces de dramaturgia equivale a pensar en los medios artísticos de que se sirve el cineasta para lograr decir algo. Por eso me interesa buscar, crear, estimular las distintas metodologías de análisis. Y prefiero a los que no se conforman con las supuestas verdades que les digo. La gente tiene que pensar». |