Contamíname... mézclate conmigo
Archivo y patrimonio
Joel del Río
En una España inundada de pateras procedentes de Noráfrica, cuando arreciaban las manifestaciones racistas en Madrid y Barcelona —y no menos ocurría con los paquistaníes en Londres, los turcos en Hamburgo y los argelinos en París— en varios países de habla hispana se escuchaba sin cesar, por suerte, aquella canción que prometía comunión y afecto para el inmigrante: Contamíname, mézclate conmigo, que bajo mis alas tendrás abrigo…, y su texto revoloteaba en mi memoria mientras escuchaba las disquisiciones sobre Migración y Población, que formaron parte del debate mañanero de ayer, con la participación de la especialista en demografía Norma Montes, el cineasta Enrique Álvarez, el periodista José Luis Estrada y el crítico de cine arriba firmante.
El debate se orientó a partir de tres cortometrajes, uno abiertamente documental aunque incursiona en los terrenos de la narración con introducción, conflicto y desenlace (el cubano filmado en México Ex Generación, 2008, con guión, dirección, fotografía y edición de Aram Vidal), y dos de ficción, con fuerte componente documental, por el verismo de las situaciones y la naturalidad de sus desconocidos actores: Ming (2008, con guión y dirección de María Giráldez y Miguel Provencio), sobre un trabajador asiático que intenta integrarse a un Madrid que para nada le ofrece cordialidad y abrigo, como promete la canción citada; y Una vida mejor (2008, con guión y dirección de Luis Fernández Reneo) que se inspira en una historia real sobre el viaje de una niña y dos adolescentes mexicanos que se pierden en el desierto de Sonora, intentando cruzar la frontera a Estados Unidos, y finalmente logran conquistar lo que parecía un sueño, pero tienen que pagar un precio altísimo.
Norma Montes comenzó el debate remitiéndose a un texto clásico de Malthus, quien en 1798 ya aseguraba que las migraciones se ocasionan por el infortunio que padece el migrante en el país desertado. De modo que las migraciones, y los exilios consiguientes, han acompañado desde siempre a la humanidad, cuya historia puede registrarse casi completa a partir de la glosa de estos movimientos, más o menos masivos, que se originan en factores de índole económica, social, política, sicológica, geográfica o filial, entre otras. La especialista también aseguró que entre las principales variantes demográficas —que son la natalidad, la mortalidad y las migraciones— las que tropiezan con mayores escollos para manejar la información y ser estudiadas son las migraciones, por la extrema politización del tema que ha ocurrido en Cuba, a pesar de que la Isla siempre ha sido tanto destino como emisora de migrantes.
En otros ángulos de la discusión se comentaron, a favor y en contra, los tres títulos elegidos para propiciar los razonamientos y polémica, se mencionaron las décadas de satanización que han padecido en Cuba algunos célebres emigrantes, por mucho que nuestra historia anterior está colmada de ellos. También se enumeraron las posibles causas del exilio, y todo lo que se pierde o se gana luego de tales decisiones, una polémica muy condicionada por el documental Ex Generación.
En otro punto del debate, se intentó una especie de periodización sobre el tratamiento del tema en el cine cubano, a partir de Sergio despidiendo a su mujer rumbo a Miami, al principio de Memorias del subdesarrollo (1968), hasta los repuntes que significaron Un día de noviembre (1971), Lejanía (1985), Papeles secundarios (1989) y Mujer transparente (1990). La crisis de los años noventa significó, aparte de la crisis de los balseros, una presencia reiterada del fenómeno migratorio en Fresa y chocolate (1993), y luego en muchas otras películas como La ola, Miel para Oshún, Nada, Video de familia, el documental español Balseros, Miradas, Aunque estés lejos y Personal Belongings, entre otros muchos títulos que han intentado registrar fielmente un proceso cardinal, en la vida cubana de los últimos doscientos años, y en la cultura nacional de toda la vida. |