Violencia de género
Joel Del Río
El contraste, nunca antagónico, afloró entre quienes discuten cuatro obras audiovisuales, y se atienen a las experiencias promedio, mayoritarias, típicas y tópicas, y los otros que abogan por el reconocimiento de violencias de todo tipo, de casos singulares pero no por eso menos atendibles, sin perder de vista el imperativo de mantenerse alerta ante cualquier abuso o violencia. Esas fueron las principales marcas que acompañaron al debate sobre Género, violencia y masculinidad, moderado por Danae Dieguez y con la participación de la especialista Clotilde Proveyer, la realizadora Gretel Medina, el guionista Rodolfo Sanzo y el actor Mario Guerra (los tres últimos implicados en A la hora de la sopa).
Los dos personajes que interpreta con absoluta convicción Mario Guerra en A la hora de la sopa (2008, Gretel Medina) y Filiberto (2008, Julia Amanda García) son víctimas de la violencia de una mujer «cuidadora» y de su esposa. Así, estos hombres deciden, en el primer caso, vengarse, y en el segundo, abandonar su vida gris y escaparse con un circo ambulante. La muy legítima lectura desde la violencia de género que ofrecen ambos cortometrajes no puede absolutizarse al punto de que nos impida apreciar otras aristas principalísimas: A la hora de la sopa denuncia la violencia y la presenta como algo sórdido, animal y desintegrador, independientemente del sexo que le corresponda al ser empoderado que humilla, rebaja y golpea al otro.
Tacones cercanos (2008, Jessica Rodríguez) se ocupa en desarmar casi todos los prejuicios que circulan, reconozcámoslo, entre hombres y mujeres, gays y lesbianas, intelectuales y «marginales», homófobos y librepensadores. Marcel, un travesti que ejerce la prostitución en la zona de la calle 100, en Marianao, cuenta su deslumbramiento con los fetiches que, para él, caracterizan la condición femenina, y luego relata la agresión de salvaje homofobia que padeció. El tremendo valor del documental desborda la coherente y necesaria acusación de la intolerancia belicosa contra el homosexual, para presentarnos un travesti que entiende quién es, tiene perfectamente articuladas sus inclinaciones, conoce en detalle sus necesidades y potencialidades, y está satisfecho con ello, sin tragedia, culpa o autolaceraciones vacilantes.
Polémico fue el análisis, diversos los puntos de vista, pero en todos quedó, creo yo, la voluntad de que estábamos aprendiendo entre todos. Al final, se trata de venir a Cienfuegos con el convencimiento de que, milímetro a milímetro, conquistamos la posibilidad de ensanchar los espacios de comprensión, igualdad, no-violencia, aceptación y armonía. |