Dosier

Manuel Octavio Gómez era periodista, formado en la academia. Había nacido en La Habana en 1934 y los estudios de publicidad también habían sido parte de su vida estudiantil. Escribía críticas de radio y televisión, sentía inclinación por el teatro y llevaba dentro el artista ansioso por aprehender la cultura en varias de sus expresiones. Las sociedades Nuestro Tiempo y Cine Club Visión contaron con su presencia.

En 1959, con el triunfo de la Revolución y el surgimiento del ICAIC, Manuel Octavio comenzó a ejercer la profesión que lo colocaría en críticas, reseñas, comentarios, crónicas, entrevistas, ensayos y libros. El cineasta llegó a crear obras documentales y de ficción que propusieron un nuevo lenguaje cinematográfico, así como brindaron puntos de vista otros sobre nuestra historia y conflictos sociales.

Tulipa (1967), La primera carga al machete (1969), Los días del agua (1971), Ustedes tienen la palabra (1973) y Una mujer, un hombre, una ciudad (1978) son algunas de sus obras más representativas.

Al aniversario 30 de la desaparición física de ese gran cineasta y hombre de la cultura que fue Manuel Octavio Gómez dedicamos este dosier de textos sobre su obra. Un pequeño homenaje desde nuestro sitio al que llevó uno de los nombres más importantes de la cinematografía cubana.

Manuel Octavio Gómez: El autor incomprensiblemente preterido
Joel del Río
Resulta desoladora la escasez de investigaciones, monografías o reseñas que profundicen, se apropien e intenten explicar los diez largometrajes que consiguiera realizar uno de nuestros más prolíficos y originales cineastas, quien confesara en una entrevista realizada por Enrique Colina, para la revista Cine Cubano, nos. 56-57: “Yo concibo el cine como una ruptura, y no está en mí el ceñirme de por vida a un solo tema...”


La primera carga al machete: narrativa de excepción en el cine cubano
Joel del Río
Durante cuarenta años hemos escuchado reiterar el criterio de que La primera carga al machete, Memorias del subdesarrollo y Lucía constituyen la tríada principal del cine cubano. Lo raro es que no abundan los ensayos, ni siquiera los artículos enjundiosos, que intenten justificar tal jerarquía, ni existe la suficiente cantidad de estudios más o menos hermenéuticos o descriptivos, que analicen a fondo las estrategias y los códigos narrativos, cinematográficos, genéricos y transtextuales que definen la excepcionalidad de la película. Solo a partir del desarrollo de tales líneas de exploración se hace posible comprender la magnitud de la ruptura, así como los aportes formales y estructurales de la más in novadora película histórica realizada en Cuba.