COLUMNA
Joel del Río
Clandestinos

“Clandestinos”

Mar, 04/20/2021

[Reproducción parcial del guion de presentación del filme Clandestinos, exhibido este domingo 18 en la revista cinematográfica Arte 7]

La primera película que queremos presentar hoy ha sido programada en innumerables ocasiones dentro y fuera de Cuba, en salas de cine y televisoras disímiles, pero pensamos que siempre es propicia la ocasión para volver a verla. Se trata de un clásico del cine cubano, el filme histórico de 1987, Clandestinos, la ópera prima de Fernando Pérez, que a partir de este momento devino uno de los más importantes cineastas de la Isla.

Pudiéramos comenzar la presentación aclarando que el cine histórico existe desde que se cimentaron las bases del séptimo arte, porque se originó en la necesidad de varias naciones por revelar acontecimientos relevantes en los órdenes político, artístico, científico o social. En todas partes donde se hacía cine se comprendieron las posibilidades espectaculares, pero también emotivas, de los avatares históricos, siempre colmados de víctimas y verdugos, mártires y tiranos, amores y lágrimas.

En un panorama cinematográfico como el de Cuba, en los años ochenta, se estrenó con enorme éxito la ópera prima de Fernando Pérez, dedicado en este caso a describir las presiones que la historia ejerce sobre el individuo y, en segunda instancia, a proponer la nostalgia respetuosa por un pasado trágico y hermoso, un pasado vinculado con un grupo de jóvenes heroicos, víctimas de circunstancias funestas.

Además de reconstruir en detalle el pasado heroico, una operación emprendida por numerosas películas cubanas antes y después de 1987, Clandestinos lograba la humanización de los personajes a través de varias historias de amor y fraternidad en el contexto de la lucha clandestina en La Habana, a finales de los años cincuenta. Y este diseño de los personajes, matizado y muy atento al equilibrio de emociones diversas, más o menos trascendentales, consiste uno de los grandes aciertos de esta película que acertó a presentar un heroísmo desencartonado y cubanísimo, entre mujeres y hombres sencillos y comunes, frescos y espontáneos. Así, el filme logró eludir cierto  historicismo declamatorio inherente a las típicas producciones cubanas de sello histórico.

Para atraer al público, y comunicar mejor las ideas de su director, Fernando Pérez, y su guionista, Jesús Díaz, Clandestinos se aproxima también al cine de género estilo thriller, con cierto predominio de la acción física, las persecuciones, la tensión del suspense y, sobre todo, la identificación con héroes devenidos víctimas, como lo son Nereida y Ernesto, sobre todo en el tercio final de la narración.

Los personajes de Nereida y Ernesto convirtieron a sus respectivos intérpretes, Isabel Santos y Luis Alberto García, en parte indisoluble de la historia del cine cubano. Precisamente la actriz y el actor ganaron algunos de los más notables galardones acumulados por una película que se transformó muy pronto en una de las más populares y aplaudidas producciones cubanas de todos los tiempos, dentro y fuera del país.

En tanto se trata de lo que suele conocerse como “película de época”, la fotografía (a cargo de Adriano Moreno), la ambientación y el vestuario (se encargaron a Calixto Manzanares y Derubín Jácome) eludieron los colores brillantes y la luz natural intensa, para reforzar la atmósfera de remembranza a través de los colores pasteles y las tonalidades suaves, que permitieran el uso de un espectro de colores entre los sepias, azules, y el blanco y negro de bajo contraste. Además, en Clandestinos se trabajó mucho el montaje (a cargo de Jorge Abello) para conseguir la fragmentación  del cine de género, es decir, del cine de acción, y se fue marcando un montaje muy fraccionado en planos, un montaje muy rítmico que sugiere más acciones físicas de las que en realidad se están verificando.

De modo que Clandestinos no es un filme histórico en el sentido más estricto del término, sino que presenta una serie de hechos reales en los cuales participan personajes ficcionados, que se inspiraron en personajes reales, y así el director pudo explorar no solo en la historia nacional, sino también en valores universales y siempre contemporáneos como el amor y la muerte, la bondad y la maldad, el deseo de libertad y la tendencia de algunos a reprimirla o recortarla. Y tales temáticas condicionaron la estructura clásica del filme y su apego tanto al verismo histórico como a las coartadas más espectaculares del cine de género.

Tal vez esa voluntad del director de afiliarse a los géneros convencionales, tradicionalmente asociados con el cine industrial norteamericano, originó que muchos especialistas en el cine cubano elogiaran no solo la utilidad ideológica de la película, sino también su hechura, el empaque visual y la solidez integral perceptible en una construcción dramatúrgica muy clásica, y por ello mismo siempre funcional, siempre capaz de comunicarse a fondo con el espectador.

Entonces, veamos de nuevo Clandestinos, y ojalá sean numerosos los jóvenes espectadores que puedan apreciar esta película, una de las más populares que ha producido el ICAIC en toda su historia de 62 años.

(Foto tomada de Revista Cine Cubano)