Daniel Céspedes
COLUMNA
Daniel Céspedes
Al este del edén

Cuando Elia Kazan apostó por James Dean

Vie, 12/18/2020

Durante la obertura del compositor estadounidense Leonard Rosenman, la cámara, pendiente por un rato de un tranquilo paisaje costero, se mueve hacia la izquierda hasta detenerse en otra vista marítima. Sin embargo, antes del fundido en negro, el espectador llega a divisar edificaciones en lontananza. 

Allí, en el norte de California, en las montañas Santa Lucía, transcurrirá la trama de Al este del Edén (1955), de Elia Kazan, quien adaptó el tercio final de la novela homónima de John Steinbeck. Por lo anterior y muchas licencias del largometraje, es por lo que no se debería adquirir el conocimiento del libro a través de la obra cinematográfica.

Con guion de Paul Osborne y producida por la Warner Bros., la película de Kazan aborda el drama intrafamiliar de un padre (Raymond Massey) y sus hijos Cal (James Dean) y Aron (Richard Davalos). Ellos buscan agradar a más no poder a la figura paterna. Pero él tiene sus preferencias por uno de los dos, acaso porque el otro le recuerda mucho a la madre (Jo Van Fleet) de los chicos, la esposa que una vez tuvo y, para la gran mayoría de amigos y conocidos del pueblo, está muerta. 

A Aron no le preocupa saber de sus orígenes, mientras que Cal sí desea averiguar por qué ella vive aún cerca y se dedica a determinada profesión. En una conversación que tiene con su padre le expresa: “Tengo que saber quién soy. Tengo que saber a quién me parezco”.

Las relaciones de estos personajes (padre y Cal y Cal y su madre) son más tensas a fuerza de las circunstancias epocales en que la trama se desarrolla. Estamos en el contexto del inicio de la Primera Guerra Mundial, a la que Estados Unidos entraría en abril de 1917. A pesar de las incertidumbres y desencantos por la contienda, los norteamericanos continuaron en la obra nacionalista, sin descuidar sus afanes de encaminar y desarrollar negocios personales.

Al este del Edén es un retrato de la sociedad estadounidense a partir de los conflictos de una familia dividida en diferentes maneras de afrontar la vida. Más que conflictos intergeneracionales, se advierten empeños individuales de entender por qué se está en el mundo y cómo puede uno disponerse a actuar solo y según los tiempos lo propicien, por encima incluso de costumbres o normas imperantes. La película es tajante por personajes y atmósfera. Hay diversas escenas en las que se discute acerca del bien y el mal.

Jo Van Fleet alcanzaría un premio Óscar por su actuación imponente de Madam Kate. Si Van Fleet no hubiera figurado en el elenco, quizás a Julie Harris se lo hubieran dado. Elia Kazan obtendría numerosos reconocimientos mundiales. Pero Al este… también pasó a la historia porque fue el primer protagónico de James Dean. El director pidió a su guionista que, en la adaptación, el personaje de Cal fuera el centro de todos y todo.

Existe una fotografía en la que Dean, a quien llamaban Jimmy, se le ve nervioso y distante junto a Marlon Brando, Kazan y Julie Harris. Admiraba tanto a Brando que a ratos tomaba sus poses. Pero, en honor a la verdad, fue un actor interesante y con iniciativas. Trató de estar a la altura de los pocos personajes que alcanzó representar para la pantalla grande. Es probable que aquí estuviera mejor que en Rebelde sin causa y Gigante. No obstante, se alejó de fabricar una imagen que complaciera a todos. El tiempo se encargaría de convertirlo en un icono para la posteridad. Si la cámara lo resaltaba como a Marilyn Monroe se debió a esa mezcla de atractivo sexual e inocencia. 

Ese sex appeal con el cual Dean convocaba a mujeres y hombres pudiera apreciarse además en un fotograma eliminado en posproducción, en el que Aron está en segundo plano en cama mirando como Cal, sin camisa, toca una flauta. La censura de entonces aseveró que era una escena demasiado homoerótica. 

Al pasar los años, ante la pregunta de Jeff Young: “¿Quedó satisfecho con la versión final de la película?”, Kazan respondería:

Sí. Aunque el estudio insistió en un prestreno. Sinceramente, no sé cómo pero se corrió la voz y la sala estaba llena de chicos. En el momento en que Dean apareció en la pantalla se volvieron todos locos. Había nacido una estrella. Fue uno de esos momentos en que no sabes qué ha sido lo que ha prendido la mecha. Pensé: “Dios Santo, ¿tan bueno es?”. Entonces comprendí que, aunque la película transcurría durante la Primera Guerra Mundial, en Jimmy había cristalizado algo muy concreto respecto de ese momento preciso de la era Eisenhower. Era lo que sentían los chicos respecto de sus padres en esa época.1

El 9 de agosto de 1954 concluyó el rodaje de Al este del Edén. Se estrenaría en marzo de 1955 en el cine Astor de Nueva York. James Dean sintió que no podía con la tensión de la ceremonia. No quiso asistir. Moriría en un accidente de auto sin haber visto los prestrenos de Rebelde sin causa y Gigante.

Nota:
1 Kazan, E. (2000). Mis películas. Conversaciones con Jeff Young, Ediciones Paidós Ibérica, S.A.: Barcelona, p.280.

(Foto tomada del blog La crónica de Badajoz)