Daniel Céspedes
COLUMNA
Daniel Céspedes
La espuma de los días

Detrás de La espuma de los días

Vie, 12/20/2019

Cuando se aclamaba el corto Utopía, de Arturo Infante, buena parte de la crítica y el público cubanos olvidaba que en 1989 Sonata para Arcadio, de Fernando Timossi, lograba lo que hoy parece una imposibilidad y lo suele ser casi siempre porque cuesta juntar en una misma persona ―pues se da poco, muy poco― la prestancia de un pianista con el vigor de un levantador de pesa. Descreer de ello representa, en verdad, no la confirmación de una utopía, sino la insistencia de un estereotipo social y cultural. No tiene por qué haber un divorcio. De ello se percató el para entonces muy joven Timossi.

Quien haya incursionado, como él, en varias áreas de la realización y el resultado cinematográfico mediante el guion, la fotografía, la producción, la edición, el sonido y la dirección, no puede pasar inadvertido. Algunos han olvidado que Fernando es el director de Blue Moon, Chaplin que estás en los cielos, Dalí ¿salvador?, El maní es así…, que trabajó en la fotografía de las tomas aéreas de Cangamba y antes con la dirección de fotografía de Molina`s Solaris.

De manera que, por las razones que sean, Fernando Timossi está representando también a Cuba con este nuevo largometraje y merece que hagamos un alto para ver qué nos quiere decir de nosotros y de él mismo. Timossi se incluye como otro cubano más o mejor, como un cubano consciente y arriesgado que habla en nombre de una época, de generaciones coterráneas y, por fortuna distintas, sin caer en facilismos expositivos, a nivel de parlamentos e imágenes, pero considerando la picardía y peculiaridad cubanas.

A mi entender, con el corto Blue Moon se veía venir lo que Timossi podía (y puede hacer) si las circunstancias lo animan y, sobre todo, las finanzas confían en su talento. Llega ahora su largometraje La espuma de los días y en su estreno el 7 de diciembre en el cine Acapulco hubo una aprobación entre el público frecuente ―no quiero decir común― y buena parte de espectadores más duchos. Me consta porque estaba allí. De la identificación con los personajes, las situaciones; desde lo risa hasta la inquietud y cuando menos se lo espera uno, el giro o cambio de tono hacia el cierre donde más de un espectador pudo cuestionarse, ¿por qué el director no tiró ya los créditos cuando un personaje de la naturalidad y fuerza del Hugo Reyes halló a su chica? Pero bueno, esta es la película de Timossi y hay que verla ―no como si la hubiéramos hecho nosotros― sino él. Ni más ni menos.

A La espuma de los días le asiste un excelente guion por lo sincero y ocurrente del mismo con todos esos tonos posibles; La espuma… es una película no tanto nacionalista y, por supuesto, nada patriotera, sino cubana; película donde Timossi se cuida de que lo situacional o contextual. Al contrario, ellos son la película ―porque si bien no estamos ante una obra salvada por sus actores, sino respaldada por ellos―, esta es una historia de personajes cotidianos y de sus proyecciones presentes.

Timossi apuesta por la amistad y la amistad existe en virtud de las diferencias humanas. Qué bueno que nos acerquemos porque el otro tenga algo distinto que decirnos y no porque amplíe lo que ya sabemos de nosotros mismos.

Con La espuma de los días nos llega una película habanera y cubana que me ha recordado por su fotografía el documental Habana Vieja, de Oscar Valdés e incluso la sutileza de En un barrio viejo, de Nicolás Guillén Landrián porque no hay una sola Habana por mucho que sus habitantes se parezcan o parece que se repiten.