Gustavo Vargas

El mexicano Gustavo Vargas y el cineclubismo holguinero

Lun, 04/05/2021

En las primeras décadas del pasado siglo, el público amante del cine en Holguín asistía a las tandas de proyecciones que ―primero mudas, luego acompañadas de orquestas y, finalmente, con los atractivos que traería la incorporación del sonido― se realizaban en los varios teatros que funcionaban, además, como cines en la ciudad.

Mayormente eran producciones mexicanas, argentinas y estadounidenses. De las primeras se había consolidado, para las décadas del cuarenta y cincuenta, una especie de star system regional que hacía suspirar a mujeres y hombres tras las interpretaciones y las figuras de Libertad Lamarque, Jorge Negrete, Carlos Gardel, Tito Guizar, Lola Beltrán, entre tantos otros. Por su parte, los filmes hollywoodenses, con sus femme fatales, héroes de guerra y vaqueros contra indios, eran muy comunes y gustados, dejaban su impronta en todos o casi todos los sitios de Cuba.

Al no existir en la ciudad una tradición ―o al menos la proyección― hacia un cine diferente, propio de otras corrientes estéticas y cinematografías, alejado de zonas del mainstream ―aunque se habían realizado experiencias cineclubistas―, la creación del primer cineclub holguinero luego de 1959 fue todo un acontecimiento para la cultura local.  

Fundado y dirigido en 1962 por el arquitecto mexicano Gustavo Vargas Escoboza, el cineclub funcionaba en la sede del cine Martí, en la calle Frexes entre Maceo y Libertad, frente al parque Calixto García. Su objetivo era proyectar filmes y materiales audiovisuales poco conocidos, pero influyentes en la historia del cine universal. Muchas eran producciones de la Unión Soviética y otros países del campo socialista, como Polonia y Checoslovaquia, aunque se visualizaban también obras de Francia y Estados Unidos. Funcionaba cada domingo por la noche y la entrada era gratis1.

Ya Gustavo Vargas había tenido una experiencia de este tipo en México, como le cuenta a José Abreu Cardet, Premio Nacional de Historia, en una entrevista que le realizara durante una visita del arquitecto a Holguín en marzo 2012, junto a su esposa, la antropóloga mexicana Yolotl González Torres, y el investigador cubano Abel Sastre Matos. 

“Yo había estado en México organizando un cine club en el distrito federal, era un cine club que exhibía películas con contenido revolucionario, Ana la proletaria y no sé qué películas soviéticas y cosas así durante varios años. Cuando me fui a Honduras lo dejé, se disolvió. Entonces después de estar en Honduras se me ocurrió repetirlo en Holguín”2.

Al no existir un fondo de filmes, Gustavo iba frecuentemente a La Habana a seleccionar las películas que creían con suficiente calidad y estas eran enviadas a Holguín por vía tren. 

“La pagaba el municipio, se les pagaba por adelantado y la mandaban por tren, de La Habana a Holguín había un trencito de dos vagones (…) que era bastante rápido. Entonces estábamos pendientes y el sábado íbamos y recogíamos las películas”3, contaba. 

“Después de ver la película decíamos, bueno, qué les parece, y alguna gente comentaba algo, esa es la técnica de los cine clubs, que ahora hay muchos por todo el mundo”4.

A pesar de que no había tradición semejante en Holguín en aquellos años y que para la mayoría “enfrentarse” a películas “diferentes” a las conocidas era algo agotador, el cineclub funcionó hasta 1965, cuando Gustavo Vargas y su familia retornaron a México.  

Gustavo Vargas nació el 2 de julio de 1927 en Guadalajara, Jalisco, México, y estudió arquitectura en la histórica Academia de San Carlos, antesala de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). A finales de 1961 llegó a La Habana junto a su esposa, la artista de la plástica Electa Arenal Huerta, sobrina del conocido artista mexicano David Alfaro Siqueiros. Lo acompañaban sus hijos. Ambos, intelectuales de pensamiento de izquierda muy vinculados al Partido Comunista Mexicano, no dudaron en aceptar quedarse en Cuba durante varios años para contribuir a la naciente revolución. 

Gustavo y Electa dejaron una profunda huella en el territorio de las actuales provincias Holguín y Las Tunas. Ella creó una escuela-taller de arte, donde estudiaron varios creadores locales, realizó importantes obras, principalmente esculturas y pinturas, y marcó una pauta en la vida artística holguinera. Gustavo trabajó en la construcción de una serie de edificaciones, como el Hospital de Puerto Padre y el Vladimir Ilich Lenin en Holguín, además de instalaciones médicas en Banes y Mayarí5. Electa falleció al desprenderse el andamio sobre el que trabajaba, durante la realización del Polyforum Cultural Siqueiros, el 10 de junio de 1969. Vargas murió en 2016. 

[1] Abreu, J. (22 de mayo de 2012). El primer cine club en Holguín después de 1959. Sección Memoria holguinera, Radio Angulo. Recuperado de https://www.radioangulo.cu/memoria-holguinera/417-el-primer-cine-club-en-holguín-después-de-1959

[2] Ibídem.

[3] Ibídem.

[4] Ibídem.   

[5] Ibídem.