Daniel Céspedes
COLUMNA
Daniel Céspedes
La isla y los signos

La isla y los signos

Jue, 04/09/2020

Samuel Feijóo (1914-1992) como desbordamiento y continente cultural; siempre pintor autodidacta y escritor retozón, conocedor, aunque distante, de las academias; Feijóo en su paso como editor de la revista Islas en la Universidad Central de Las Villas y su expulsión del centro de enseñanza; Feijóo en el convite de la hechura de la revista Signos y los constantes juegos formales; ¿lo vivencial sobre lo profesional? Reflujo que es influjo. Concordia fortuita. Hay imbricaciones que no necesitan un predominio, así terminen imponiéndose las apatías y el destino, la enfermedad y la muerte. Pese a todo, fue (y es) estimable coexistir.  

Las interioridades del creador insistente pero travieso no se pudieron acomodar a las claras frente al entorno, en apariencia único, del hombre rebelde, del amante de lo rural o ¿no sería mejor decir del buscador de lo auténtico? 

Con guion y dirección de Raydel Araoz (Arquetipos, El caso de la calle O'Reilly, La escritura y el desastre, La estación de las flautas, Retornar a La Habana con Guillén Landrián…), la puesta en escena de La isla y los signos (2014) debía arriesgarse a una visualidad que fuera guion y atmósfera a un tiempo. No era conveniente (que)darse en un documental biográfico, en el que los datos ahogaran el enunciado estético. De ahí la recurrencia a la animación (Ermitis Blanco) y la dirección de arte de Pilar F. Melo (Fermelo) para las soluciones narrativas, sin descartar el empleo de imágenes de archivos, de intérpretes y, por supuesto, de esa superposición progresiva de entrevistados que lo conocieron, muchos de los cuales participaron en el resultado de la revista de marras. 

Retomando aquello que escribiera el más cubano que villaclareño: “Se habla mucho de la colonización cultural de los franceses sobre los africanos; de los ingleses sobre los indios; de los norteamericanos sobre la América Latina, pero nadie habla de la colonización de una provincia sobre el resto de las provincias en un mismo país”, el audiovisual de Raydel se arriesga en unos instantes en que no se requiere de estetización del contenido porque habrá disertaciones acerca del presente como telón de fondo, donde se alude a un pasado ya de leyenda o tal vez literario por las consideraciones intelectuales del propio Feijóo.

El documental de Araoz se enriquece con el testimonio de un heredero declarado como Juan Carlos Valladares, actor del grupo Teatro de los Elementos, quien no solo rememora el significado de Feijóo para muchos artistas actuales, sino aquel por aterrizar sobre la situación del ser humano en ciernes, ese que disfruta el amor hacia su terreno, pero merece conocer que el mundo no se circunscribe al contexto en que ha nacido. 

Porque no basta con saberlo de oídas. Tiene derecho a experimentar los beneficios de lo moderno. En un momento dice Valladares: “Pienso que todas las cosas están funcionando un poco al revés en esta espiral. Las cosas se hacían de una manera. Ahora se hacen de otra. Y a ellos no les preguntaron cómo querían que se las hicieran”. Se homenajea acaso de paso, pero homenaje después de todo, la naturalidad y belleza de los audiovisuales de Televisión Serrana. 

Asimismo, La isla… se emparenta con obras más explícitas sobre el desarraigo, el abandono y la partida por el desencanto. Aquí el mundo feijooseano ya es exclusivo solo de los artistas visitantes.

La isla pervive, pero los signos, como los creadores, pueden parecer extraños hasta entorpecer nuestro entendimiento. Eso sucede cuando los signos dejan de ser símbolos para devenir alegorías que son ya incógnitas. Se complejiza el relato de una historia en otra si esta última desaparece. De esto va también la propuesta de Raydel Araoz y su equipo. La autenticidad que testimonió Samuel Feijóo descúbrela ahora en sus libros.