Daniel Céspedes
COLUMNA
Daniel Céspedes
Hostiles

Las cortesías de Joseph J. Blocker

Jue, 06/10/2021

“El western no ha muerto, pero puede que el espectador a la altura de tan complejo y profundo género se encuentre en vía de extinción”.

Deivis Cortés

 

Hostiles (Scott Cooper, 2017), filme exhibido recientemente en el espacio Senderos del Oeste, tiene el vigor de la sorpresade un spaghetti western. No porque la violencia temprana esté estetizada, sino por la fulminante decisión de unos nativos de la tribu comanche, quienes aparecen para robar caballos y acaban arrancando por placer todos los frutos de una morada.

Es un Oeste que no hubieran dirigido John Ford y Howard Hawks según los intereses ideológicos y estéticos de cada uno. Por su parte, Robert Aldrich sí. El director, entre otras, de Apache (1954) y Vera Cruz (1954), hubiera sorprendido con unos cuantos “no lo vi venir”. Aunque se sabe: lo predecible no hace mejor o peor una película. Pero Aldrich, quien fuera contra el panfleto frecuente del Oeste fanático, patriotero y xenófobo estadounidense, hubiera quizá sacado más de una carta debajo de la manga en la contemporánea Hostiles. Estamos en el terreno de las conjeturas y acaso de las parcialidades: Richard Brooks, Delmer Daves, ¡Budd Boetticher!... de seguro habrían hecho otro tanto. Scott Cooper también ha hecho lo mejor que ha podido.

Una película es lo que nos presenta y sugiere. Ni más ni menos. Eso sí, lo primero que le agradecemos a la obra de Cooper es que renuncia a ser abanderada de defensas del tipo “el Oeste no está muerto”, “nueva reinvención de un género tan veterano como el propio cine” o esta más admitida: “actualización del género vía mixtura”. ¿Por qué el recibimiento de un western actual tiene que asociarse siempre al homenaje o la parodia?

Razón le asiste a Deivis Cortés cuando a propósito del reciclaje del western reconoce: “(…) parece ser que la mejor manera de hacer una película de género, en este punto de la historia del mismo, es superar al género mismo. Dejar que el género con sus aristas inconfundibles y escenarios arquetípicos actúe únicamente  como telón de fondo, concentrarse en personajes y desarrollos de historias sólidas”1. Es lo que ha pretendido y logrado con creces Cooper.

La fotografía del japonés Masanobu Takayanagi homenajea en rigor al cine de John Ford e incluso a ese otro icono del género que es Anthony Mann. Ahora, ¿por qué más allá de su estructura sentimos estar en presencia de lo que desde los años sesenta del pasado siglo comenzó a catalogarse como western crepuscular? Lo del calificativo no alude solo a una obra alejada de las películas que establecieron las convenciones del género (los westerns considerados más “puros”), sino a cierta crudeza y amargura que conectan a sus protagonistas con su presente. Entonces no importa tanto enfrentarse a un bando como a la propia realidad. La realidad que disgusta y se critica; la realidad que es un país incompleto, un destino vulnerado y la frustración personal. La realidad supera los ideales del protagonista, otrora héroe, que ahora es un derrotado.

Por todo lo anterior y más, Hostiles es un Oeste crepuscular. Ello se refleja en la viuda Quaid, interpretada por esa actriz tremenda que es Rosamund Pike, personaje que se sobrepone a una terrible pérdida, y destaca sobre todo en la complejidad interior del Joseph J. Blocker de Christian Bale, quien va exteriorizando poco a  poco un dolor más decaído que encubierto. Bale vuelve a lucirse como el gran actor que es en este drama meditabundo en el que se impone limar asperezas con un enemigo de años: el jefe cheyene (WesStudi). El perdón llegará en su momento.

Apoyándose en un manuscrito de Donald Stewart, el cineasta Scott Cooper frecuenta las representaciones del pistolero, el bandido, el oficial, el indio, la rubia, el caballo, el río, el paisaje… Sin embargo, repasa sin apreciar la estrella de seis y no de cinco puntas —alegoría del equilibrio y sabiduría salomónica—. Probablemente sea intencional tamaña ausencia ante esas pistolas que han derrocado estereotipos e ídolos. Aquí el cowboy es el oficial.

Abundan más los planos picados y los primeros planos que los abiertos. Sin embargo, se aprecia el contexto rural en su inmensidad fragmentada, a veces contrario al ser humano. Hasta casi su final, Hostiles se debate entre la contemplación y lo sombrío como la figura del capitán del ejército Joseph J. Blocker. Pero se advierte una ida muy simbólica de quienes sobrevivieron. Los tiempos son otros. Tal vez sea el aviso de un mañana mejor.

Referencia bibliográfica:

1 Cortés. D. (2010). El crepúsculo de las pistolas: apuntes a una reflexión sobre el western contemporáneo, en Kinetoscopio, volumen 20., nro. 89, enero-marzo. Colombia, p.122.