Casta de roble

Manolo Alonso a plazo fijo

Lun, 09/27/2021

Dos películas colocan a Manuel Alonso (La Habana, 1912-Nueva York, 2006) en un lugar importante en la historia del cine cubano anterior a 1959 y la creación del ICAIC: la farsa detectivesca Siete muertes a plazo fijo (1950) y, sobre todo, al melodrama rural Casta de roble (1953), obras que, según los críticos de la época, constituyeron puntos de referencia obligada para los deseados planes de desarrollo de la industria de un cine nacional y mostraron a un cineasta preocupado por la técnica y la estética de sus filmes.

Manolo Alonso fue “el primer cineasta cubano que utilizó un lenguaje cinematográfico y que cuidó los aspectos técnicos y estéticos de la realización”, señala la investigadora María Eulalia (Mayuya) Douglas1. Sobre Siete muertes a plazo fijo, catalogada por muchos como un momento de giro en el deslucido panorama de nuestro cine, Mirta Aguirre, al frente de la página de cine del periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular, escribió: “Bien fotografiada, admirablemente cortada y dirigida con acierto, realizada sobre un tema sin limitaciones localistas (…) Es la primera película cubana que podrá salir de nuestro país en condiciones de atraer el interés de públicos extranjeros y con oportunidades de recogida de una estimulante cosecha crítica”2.

Esto fue lo que marcó, de alguna manera, el antes y el después con el cine de Manolo Alonso: el hecho de ―a pesar de las reglas del melodrama― intentar alejarse de los pintoresquismos del trópico, del solar, la mulata, el negrito y el gallego y demostrar que una “industria artística” rentable era posible. El cine anterior, el medio centenar de filmes cubanos realizados en los años cuarenta y cincuenta, aportó varios “éxitos comerciales basados en la infalible fórmula de la Triple C: cómicos, cantantes y cabareteras”3 (en nuestro caso, la rumbera), apunta Ambrosio Fornet, aunque “no bastaban para estabilizar una producción y elevar gradualmente los niveles técnicos y artísticos”4.

De Siete muertes a plazo fijo ―con guion de Antonio Ortega y Anita Arroyo― lamentablemente no se encuentran copias en la Cinemateca de Cuba. Era un filme de suspense, con Raquel Revuelta, Alejandro Lugo, Ernesto de Gali, Eduardo Casado, Maritza Rosales, Pedro Segarra, Adolfo Otero y Rosendo Rosell en el elenco, y cuyo argumento María Eulalia Douglas ha descrito de esta manera: “Una noche de fin de año, varias personas reunidas en una fiesta escuchan las predicciones de un astrólogo que vaticinan la muerte de siete de ellos. Los hechos se desencadenan de forma tal que parece que la predicción va a cumplirse. Al final el astrólogo resulta ser un demente”5. La fotografía fue del suizo-argentino Hugo Chiesa, laureado en el Festival de Cannes, y la edición de Mario González, ganador en México del Premio Ariel en 1949.

“Algunos de los nombres de quienes han intervenido en las realización de Siete muertes a plazo fijo serán recordados como los de quienes pusieron la primera sólida, básica piedra del gran edificio del cine nacional. Antes de este filme de Manolo Alonso, en Cuba había habido intentonas más o menos felices o desdichadas, algunas de ellas ―Hitler soy yo― debidas al mismo Alonso; pero con Siete muertes a plazo fijo es que puede decirse que nace el verdadero cine cubano, concebido no como aventurilla fotográfica de carácter pintoresquista, sino como serio maridaje de industria y arte, negocio y ciencia, cuyo conflicto central se encuentra en el equilibrio entre las apetencias y las urgencias de taquilla de la producción y los imperativos de la técnica y las demandas de la estética. Problema dificilísimo para las cinematografías novatas y para el cual, hasta hoy, no habían apuntado en Cuba soluciones”6, subrayó Mirta Aguirre.

Pero sería Casta de roble el filme que consolidó el prestigio del director y “haría pensar que el cine cubano estaba apostando sin titubeos a la madurez”, asegura Fornet7.

Con las actuaciones de Xonia Benguría, David Silva y Rosendo Rosell, música de Félix Guerrero y fotografía de Alfredo Fraile, el exitoso filme fue todo un suceso mediático, un hito del cine nacional. Es la historia de una muchacha campesina “que tiene un hijo con un joven de familia rica que es educado por su abuelo paterno. Pasado el tiempo, ella se casa con un guajiro pobre, con el que tiene otro hijo, al que rechaza; ya adulto, [este otro hijo] es encarcelado por cometer un homicidio accidental. Ya libre, conoce a la novia de su medio hermano, de la que se enamora. La rivalidad entre los dos los lleva a un duelo que hace reaccionar a la madre, quien por fin acepta a su segundo hijo”8.

Tomás Gutiérrez Alea, miembro de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo y recién llegado en aquel momento de Roma, donde había estudiado bajo las influencias del neorrealismo, escribió:

El mejor elogio que se puede hacer [...] es decir que se trata de una película cubana. Que sus realizadores han querido situarse, por primera vez, en Cuba, en una actitud sincera frente a la realidad de nuestro pueblo; que han tenido la valentía suficiente para apartarse de la línea pintoresca y falsa que habían trazado todas nuestras anteriores producciones, y han llevado a la pantalla importante problemas de nuestro pueblo. Todo esto debe servir de base y orientación para un sólido desarrollo de nuestra cinematografía.9

Subrayó Titón: “A pesar de sus defectos y por sus virtudes, Casta de roble es la mejor película que se ha filmado en Cuba y esto solo es suficiente para que todo el que ame el cine se imponga el deber de verla”10. Y aunque este filme no era una obra maestra, sí era “la mejor cinta cubana de todos los tiempos, la primera palabra articulada por este cine nacional que lleva cuarenta años balbuciendo”11, comentaba Guillermo Cabrera Infante en las páginas de la revista Carteles bajo el seudónimo G. Caín.

El ICAIC heredó el público y la base material, “pero los nuevos cineastas rechazarían categóricamente el legado de la etapa ‘prehistórica’ considerando que su aporte se reducía ―en palabras de Alfredo Guevara, presidente del nuevo organismo― al ‘lenguaje balbuciente’, el ‘folclorismo banal’ y la ‘ingenuidad populista’. Sin duda era así, aunque con las honrosas excepciones que el tiempo se ha encargado de precisar”12.

Entre estas excepciones destacan estos filmes de Manolo Alonso (con anterioridad realizó Hitler soy yo, su ópera prima, filmada en 1944 y estrenada en 1946, con guion de Cástor Vispo y fotografía de Álvarez Moreno; y los cortos Cosas de Cuba, Dos cubanos en la guerra y Ratón de velorio). El llamado “Zar del cine cubano” ―poseía la mayor parte de las compañías, como la Cuban Pictures, estudios y equipos técnicos, había creado noticiarios y era prácticamente el dueño de la cinematografía nacional― estaba inmerso, al triunfo de la Revolución en 1959, en los preparativos de Leonela, que sería su cuarto largometraje de ficción, basado en la novela homónima de Nicolás Heredia.

Ligado como empresario al gobierno de Batista, Manolo Alonso se exilió en 1960. Sus bienes fueron incautados y el rescate de sus archivos fílmicos posibilitó recuperar los materiales e integrarlos a los archivos del naciente ICAIC (¡Viva la República! (1972), realizado por Pastor Vega, utilizó muchas de estas filmaciones). Radicado en Nueva York desde 1963, se dedicó a montar espectáculos en el Lincoln Center con figuras de la música cubana y latina. Junto a su hermano, el camarógrafo Bebo Alonso, realizó el documental La Cuba de ayer y trabajó en el desarrollo de la televisión hispana en los Estados Unidos. El productor y empresario Manolo Alonso, director de Siete muertes a plazo fijo y Casta de roble, murió en el Bronx, Nueva York, el 26 de septiembre de 2006.

(Pie: Filme Casta de roble. Foto tomada de Revista Cine Cubano)

 

Referencias bibliográficas:

1 Douglas, M. E. “Ángel y demonio: Molina y Alonso”, en González, R. (Coord.). (2001). Coordenadas del cine cubano 1. Editorial Oriente: Santiago de Cuba, p. 67.

2 Miranda, O. y Castillo, M. (selecc.) (1989). Crónicas de cine. Editorial Letras Cubanas: La Habana, pp. 98-99.

3 Fornet, A. (2019). Cien años de cine en Cuba (1897-1997). Ediciones ICAIC: La Habana, p. 58.

4 Ídem.

5 Douglas, M. E. (2008). Catálogo del cine cubano, 1897-1960. Cinemateca de Cuba/Ediciones ICAIC: La Habana.

6 Miranda, O. y Castillo, M. (Ídem).

7 Fornet, A. (Ibídem), p. 59.

8 Douglas, M. E. (Íbidem)

9 Gutiérrez, T. “Casta de roble, una película cubana”, en Hernández, R. L. (Comp.). (1989). Revista Nuestro Tiempo, Letras Cubanas: La Habana.

10 Ibídem.

11 Cabrera, G. “El filme de la quincena”, en Agramonte, A. (2006). “Manuel Alonso, ‘el zar del cine cubano’”. Cine Cubano, nro. 162, pp. 51-64.

12 Fornet, A. (Ídem).