Virgilio López Lemus

Mi homenaje a la Cinemateca de Cuba

Sáb, 01/02/2020 - 08:15

Cuando era apenas jovencito, en la década de 1960, visité por primera vez la Cinemateca de Cuba. Ocurrió en una retrospectiva de cine italiano y me sentí cómodo en aquella gran sala Chaplin, donde por entonces ella radicaba. Desde tal ocasión, esa sala, pero sobre todo la Cinemateca, se relacionan con mi vida de espectador, de amante del cine, de silencioso enjuiciador de lo que veía y de lo que veo.

La Cinemateca de Cuba ha rendido un servicio social de excelencia. Salgo de lo que ella significa para mí como acrecentamiento de mi interés y cultura cinematográfica para observar su muy amplia repercusión social, ya no solo en la exhibición de innumerables filmes de diversidades cualitativas, sino también para la conservación, resguardo y ampliación del patrimonio nacional y mundial.

La Cinemateca de Cuba se ha ganado con esfuerzo, tesón y constancia el reconocimiento social de que disfruta. Vuelvo a mi razón personal para acentuar mi visita a la sala Chaplin por tantísimos años, décadas ya. Si bien esa constancia mía disminuyó con el tiempo, sobre todo cuando pasó sus exhibiciones a la sala del cine de 23 y 12, ello no se debe a que decreciera mi subido interés y respeto por sus proyecciones y labores.

La Cinemateca de Cuba es una entre tantas existentes en el planeta, pero la nuestra tiene un valor especial por su arduo trabajo de educación del espectador, por no perder la perspectiva de que no basta con poner a la vista filmes de todo tipo, sino también por reforzar su excelente labor educativa. Creo que su extensión a otros medios de divulgación, como la televisión, la radio, la prensa plana y los medios cibernéticos va siendo otro logro, otro hito institucional.

Así, se advertirá que solo tengo elogios para un organismo cinematográfico que he sentido como compañero de mi ruta vital. En su aniversario sesenta, tiempo suficiente para que exista como tradición, solo tengo palabras de afecto por su existencia, felicitación a sus directivos y trabajadores y mi deseo de que sea bien celebrado su centenario.