Dayron
COLUMNA
Dayron Rodríguez Rosales
Páginas del diario de Mauricio

Repaso por la trayectoria de Manuel Pérez en De cierta manera

Jue, 10/14/2021

De cierta manera iniciará su emisión correspondiente a la noche de este jueves 14 de octubre con un movimiento de “Dolly back” en torno a la trayectoria del prominente cineasta Manuel Pérez Paredes (1939).

Este octogenario cineasta, quien más de una vez ha confesado ser cineclubista de formación y director de cine por vocación, y que a través del séptimo arte comenzó su vida político-social, dirigió en 2006 Páginas del diario de Mauricio, su último largometraje.

La película, cuya historia se sitúa en los años noventa del pasado siglo, y la visión de su protagonista, Pérez Paredes declaró:

“Mauricio comparte a plenitud su vida afectiva, sus amores, frustraciones, dolores y esperanzas con la convulsa y difícil historia reciente de Cuba; su diario bregar como ser humano, sus compromisos y desilusiones son inseparables de décadas de épica cotidiana y compleja de un proceso social en el que está inmersa su existencia. Su pequeña historia personal convive dramática e inevitablemente con la Gran Historia... y de este encuentro, lo más importante es el hombre, sus dudas, sus angustias, incertidumbres y certezas”.

Manuel Pérez nace en La Habana, el 19 de noviembre de 1939 y tras un breve período en la Sección de Cine del Ejército Rebelde, comienza a trabajar en el ICAIC en 1959 como asistente de dirección en Santa Clara, el tercer cuento de Historias de la Revolución, de Tomás Gutiérrez Alea. Años después, lo desempeña en Aventuras de Juan Quin quin, luego de participar en un curso impartido por Julio García Espinosa.

Dirige su primer documental Cinco picos en 1961 y dos años después Era Níkel Co. sobre la vida de los obreros de una planta procesadora de níquel, a raíz de su nacionalización. A su vez, realizó 34 ediciones semanales del Noticiero ICAIC Latinoamericano.

Ahora, su ópera prima como realizador de cine de ficción fue el corto La esperanza, rodado en 1964, donde está presente el tema de la lucha contra bandidos en la región montañosa del Escambray. En su trama, a causa de los cercos de las milicias, un contrarrevolucionario alzado decide abandonar su grupo para reincorporarse a la “neutralidad”.

Por otra parte, y en medio de la lucha contra bandidos estuvo inmerso el personaje real de Alberto Delgado, al cual consagra Manuel en 1973 su primer largometraje El hombre de Maisinicú.

Al referirse a las motivaciones que le llevaron a relatar el heroico batallar anónimo, expresó:

“El Escambray era un escenario cruel, duro, complejo… Yo quería ser fiel a las vivencias que había acumulado. Cuando la estábamos haciendo sabíamos que el tema era cercano al público, pero era imposible predecir lo que pasó realmente: casi dos millones de espectadores, siendo una película que no era para todas la edades. Fue una agradable sorpresa”.

Manolito Pérez —como le llaman cariñosamente— es uno de los fundadores e integrantes del Comité de Cineastas de América Latina y del consejo directivo de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano. Trabaja, fundamentalmente, en la asesoría artística de documentales e imparte seminarios y cursos de apreciación cinematográfica en diversos organismos e instituciones. Además, colabora como crítico en la revista Cine Cubano y es Asesor Artístico de la Productora Cinematográfica ICAIC.

También, al constituirse en 1988 en el Instituto, tres Grupos de Creación que reunieron a los cineastas cubanos, es designado como responsable de uno de ellos e intenta  cuidar el balance de los temas y la diversidad estilística en los filmes producidos que van desde La bella del Alhambra, Adorables mentiras hasta Alicia en el pueblo de Maravillas.

Ha sido coguionista y codirector del documental de largometraje Del otro lado del cristal. Ayudó en los guiones de Operación Fangio, del argentino Alberto Lecchi y el largometraje documental La mafia en La Habana, de la española Ana Díez. 

Por todo esto, el jurado del Premio Nacional de Cine 2013 valoró su “obra invisible” y su aporte silencioso al auge artístico de varias generaciones de cineastas cubanos, deudores de su consejo.