Tres veces Ingmar Bergman

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Universalmente reconocido como uno de los grandes maestros del cine moderno, Ernst Ingmar Bergman nació en Uppsala, Suecia, el 14 de julio de 1918. Su infancia estuvo fuertemente influenciada por la figura de su padre, un estricto pastor protestante que le sometió a una educación férrea marcada por la austeridad y las prohibiciones.

Cursó estudios en la universidad de Estocolmo y allí dirigió, hasta 1942, su agrupación teatral. Posteriormente fue asistente de dirección en el Gran Teatro Dramático de Estocolmo y en 1943 fue contratado para el departamento de guiones de la productora cinematográfica sueca. Poco después, en 1946, dirigió su primera película, Crisis, eslabón inicial de una ejemplar filmografía que incluiría algunos de los títulos cimeros del arte cinematográfico mundial.

El cine de Bergman, en general, aborda conflictos sicológicos y espirituales y su trabajo transitó por diversas etapas a lo largo de seis décadas, en las que su estilo visual -intenso, íntimo, complejo- exploró las vicisitudes de la pasión con una hipnótica retórica cinematográfica; su prolífica producción mostrará elaboradas imágenes, temas y técnicas. Como los compositores barrocos, Bergman siempre trabajó en una pequeña escala, aportando innovaciones en los temas y variaciones.

El director trabajó sobre todo en espacios interiores, si bien hay excepciones: el viaje de Fresas silvestres (1957) o la épica familiar de Fanny y Alexander (1982). Este cine de interiores encierra el espacio y el tiempo y permite al director centrarse en la puesta en escena y prestar cuidadosa atención a los detalles y al ritmo visual.

Gritos y susurros

Quizás la más expresiva técnica del cineasta es el uso del close-up de los rostros de sus actores, para revelar los aspectos ocultos de la condición humana, con una especial fascinación por el rostro femenino que se aprecia en filmes como Persona (1966) o Gritos y susurros (1972).   

En un período temprano, Fresas silvestres sobresale por su invención narrativa en una fluida manipulación de flashbacks, remembranzas y secuencias de sueños. Su penetrante investigación sicológica del fin del ciclo de vida estableció la preocupación del realizador con la relación entre deseo, pérdida y culpa, y la compasión, la restitución y la celebración. En contraste con este filme y La noche de los titiriteros (1953), más alegórica que Fresas silvestres, Sonrisas de una noche de verano (1955) muestra el lado romántico y la sensibilidad para la comedia del director. Este periodo temprano concluye con dos simbólicos trabajos, ambos excelentes: El séptimo sello (1957) y La fuente de la virgen (1960), ambientados en la Edad Media.

En la segunda etapa de la trayectoria de Bergman se acentúa su interés hacia los espacios interiores. Intensos temas espirituales y sicológicos son explorados en la llamada Trilogía del silencio: A través de un vidrio oscuro (1961), Luz de Invierno (1963) y El silencio (1963), así como en La vergüenza (1968), La hora del lobo (1968) y La pasión de Anna (1969), su primer filme en colores.

Entre estas dos trilogías Bergman rodó Persona, que explora el antagonismo entre dos mujeres, una enfermera y su paciente, y un filme que muchos críticos consideran es la mejor película del maestro sueco por su estilizada y vanguardista puesta en escena que incluso explora la naturaleza misma de la percepción cinematográfica. Esta cinta y Gritos y susurros (1972) constituyen dos obras maestras del citado período. En contraste con la austeridad de los decorados y el uso del blanco y negro de Persona, Gritos… es un filme de época en colores, con teatrales decorados y diferente edición.       

En los filmes posteriores de Bergman el cineasta continúa explorando y refinando sus recurrentes temas y técnicas, incluso en títulos menores como Cara a cara (1976), Sonata de Otoño (1978) y De la vida de las marionetas (1980). En El toque (1971) el director examina el tema del matrimonio en una forma visualmente expansiva que le distingue de la más convencional Secretos de un matrimonio (1973).

El ciclo de la obra cinematográfica fundamental de Bergman concluye apropiadamente con Fanny y Alexander (1982), una historia épica de romance familiar, tocado con elementos de cuentos de hadas e historias de fantasmas, cinta tras la cual anunciaría su retiro. Pero en 1984 filmaría Tras el ensayo y luego rodaría esporádicos filmes para la televisión hasta concluir su carrera con Saraband (2003).

Genio del cine, nombre clave de la cinematografía universal, Ingmar Bergman ejerció una amplia influencia en varias generaciones de directores. Su deceso se produjo el 30 de julio del año 2007, a los 89 años de edad.

La Cinemateca de Cuba recuerda al gran cineasta con una selección de sus filmes, establecida a partir de tres grupos temáticos, que incluye el estreno del sobresaliente documental Liv e Ingmar (2012).