Cine de autor, bilingüe y posmoderno

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Es difícil creer en las posibilidades de éxito de una cinematografía carente de superproducciones con efectos especiales, sistema de estrellas, paradigmas genéricos de ascendencia nacionalista o distribución centralizada. Sin embargo, el cine canadiense se las arregló, desde los años setenta y ochenta, para lograr ascendencia, primero sobre su público natural, y luego en el ambiente de los festivales internacionales más prestigiosos.

La Muestra mínima de filmes canadienses programada en apoyo a la Feria Internacional del Libro de La Habana, que tiene a Canadá como país invitado, implica otra ocasión para atestiguar el despegue de una cinematografía apostada en la diversidad y la peculiaridad. Aquel momento de esplendor en los años ochenta, cuando se constituyó la Academia Canadiense de Cine y Televisión, generó la notable reanimación de esta cinematografía a principios del siglo XXI, un periodo en el cual se concentran los filmes elegidos para esta Muestra.

Precisamente entre 2000 y 2015, se produce la continuidad del cine realizado en femenino, y abundan las mujeres que lideran importantes producciones del más diverso sesgo estético.

Lea Pool es, sin dudas, una de las realizadoras canadienses más respetadas. De su filmografía se eligió La pasión de Augustine, que se ambienta en los años sesenta, cuando comienzan a llegar a la provincia de Quebec los vientos de la revolución cultural y social sesentera, y los nuevos aires afectan incluso los métodos de enseñanza aplicados en una escuela conducida por una monja. La pasión por la música impulsa a esta monja singular, protagonista de un alegato feminista totalmente agradable y convincente gracias a su distancia del panfleto.

La creciente diversidad cultural del enorme país se transparenta también en la obra del muy joven y más que consagrado Xavier Dolan, descendiente de la pareja que formaron una quebequense y un egipcio. Dolan constituye, junto con Denis Villeneuve y Jean-Marc Vallée, el trío de ases del cine canadiense, aunque los dos últimos decidieran asentarse en Hollywood. Y precisamente en Canadá ocurre la trama de Mommy (2014) aunque se representa un país ficticio, tal vez futurista, donde los padres tienen derecho a deshacerse de sus hijos problemáticos.

En 1996, escribió Rufo Caballero, a propósito de la llegada a nuestras pantallas de otra muestra canadiense similar a esta, que “los espectadores cubanos tendrán la oportunidad de paladear la entereza ética y la audacia expresiva de una de las tres grandes cinematografías nacionales hoy día en el mundo. (…) la producción canadiense ha ido ganando prestigio sobre la base de una declarada apertura en pos del otro y el despliegue de una avasalladora subjetividad erótica”. Está dicho. Y desde hace más de 20 años.

(9-15/ 02/ 2017)

Tomado de: Cartelera Cine y Video, No. 136, febrero de 2017.