Pineda Barnet: caballero de las letras y artes francesas

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El martes 26 de septiembre el realizador cubano Enrique Pineda Barnet recibió las insignias de “Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres” (Orden de las Artes y las Letras). En presencia de numerosos invitados del mundo del cine y de la cultura cubana, el Embajador de Francia en Cuba, Señor Jean-Marie Bruno, entregó la distinción al cineasta.

Esta ceremonia fue la ocasión de volver a abordar la carrera y la importante obra de Barnet, así como los numerosos premios que han acompañado su trayectoria.

En 2016, el director de La bella del Alhambra (1989) recibió el Coral de Honor durante la edición 38 del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

En Francia, la obra de Enrique Pineda Barnet suscita un interés creciente. Así lo demuestran estudios universitarios de los últimos años como la tesis de Sebastián Pruvost, en 2015 de la Universidad de Borgoña, la difusión de sus películas en París, durante el mes de la cultura cubana, o la proyección de Soy Cuba (1964), película de la que fue el coguionista, según reseña el blog El cine es cortar.

En el año 2006, el Ministerio de Cultura de Cuba y el Instituto Cubano del Arte y de la Industria Cinematográfica (ICAIC) le entregaron el Premio Nacional de Cine por el conjunto de su carrera y de su obra.

La Orden de las Artes y las Letras es una distinción honorífica francesa otorgada por el Ministerio de Cultura de Francia y recompensa a “las personas que se han distinguido por sus creaciones en el dominio artístico o literario o por la contribución que han aportado al esplendor de las artes y las letras en Francia y en el mundo”.

Palabras de Jean-Marie Bruno, Embajador de Francia en Cuba, al entregar la Orden.

Estimado Enrique Pineda Barnet:

Estimada Señora María Elena Salgado, viceministra de la cultura:

Estimados amigos de la cultura y del cine:

Esta noche estamos reunidos en la Residencia de Francia, para homenajearlo, a usted, eminente creador de una inmensa obra cinematográfica.

Sus talentos fueron descubiertos muy temprano, pues me dijeron que comenzó a actuar en el teatro a la edad de cinco años. Aún no se había sumergido en el mundo del cine, y ya se iba dando a conocer rápidamente por su trabajo en la radio, el teatro, la literatura, las artes plásticas y la danza, incluido, me han dicho, una noche de baile endiablada con Josephine Baker…

Era solo el comienzo de una vasta y fructífera carrera, enfocada particularmente en el cine, carrera que es conocida y reconocida en el mundo entero, especialmente en Francia, donde críticos cinematográficos e investigadores universitarios muestran renovado interés por su obra.

Su carrera profesional está íntimamente ligada a la historia de la Revolución cubana, tanto en su dimensión histórica como cultural. Usted supo honrar a los héroes de la Revolución, cabe destacar el emotivo documental titulado David dedicado a la figura de Frank País. Fue igualmente el caso de su documental Che, de 1968, y más tarde de Mella, en 1975. Por otra parte, desde sus inicios la Revolución fomentó el desarrollo del cine con la creación del ICAIC en 1959: hecho en el que usted tuvo una participación activa, contribuyendo a inscribir el cine cubano como un arte principal en Cuba y reconocido en todo el mundo.

A partir de 1959, numerosos artistas franceses vinieron a Cuba, lo que le brindó la oportunidad de conocer, por ejemplo, a Charles Trenet y a Edith Piaf, así como al sublime actor Gérard Philippe.

Su obra, laureada con múltiples premios en Cuba y el extranjero, es profunda y de una diversidad extraordinaria. Todos hemos tenidos la suerte de apreciar Soy Cuba, obra de la que es coguionista. La lista sería extensa si citara todos sus filmes, pero quisiera resaltar su obra maestra La Bella del Alhambra, que realizara en 1989, inspirada en la novela de otro gran artista cubano, Miguel Barnet: este musical ha recibido más de una veintena de distinciones en los continentes europeo y americano, entre los que destaca el Premio Goya de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España.

Su trayecto cinematográfico permitió otro bello encuentro, con la inigualable bailarina cubana Alicia Alonso en la película Giselle, una obra singular que, como usted mismo señalara, le permitió desplazarse indistintamente entre los registros de la danza clásica y la imagen en movimiento.

No solo se ha centrado en crear ficciones y realizar documentales, sino que ha jugado un rol importante como formador, al animar disímiles eventos en festivales de cine, y con públicos jóvenes, cinéfilos, creadores, críticos y universitarios. Ha buscado, sin cesar, trasmitir el amor por el séptimo arte que mantiene siempre vital, tanto en sus talleres, como en seminarios y conferencias. Su preocupación por “el otro”, sujeto cinematográfico o simple sujeto del mundo real, ha sido una constante en su trabajo y en su vida; usted lo expresó claramente cuando afirmó que prefiere los puentes a los muros, las aproximaciones a las distancias.

El puente está presente también en el vínculo que creó entre el teatro y el cine, su obra cinematográfica está atravesada y enriquecida por otras esferas del arte, particularmente el teatro, que quiso dar a conocer a través del cine. El ejemplo más significativo es sin dudas su película El Charentón del Buendía, en la que filma la adaptación que hiciera el grupo Buendía de la pieza teatral de Peter Weiss, la cual recrea un momento de la Revolución Francesa.

Su huella en el panorama cultural cubano es notable: participó, por ejemplo, en la creación de la UNEAC, de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo y de Teatro Estudio. Esta trayectoria excepcional le ha valido numerosos reconocimientos, entre los más recientes, el Coral de Honor del último Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano por la obra de la vida.

Estimado Enrique Pineda Barnet, en una ocasión expresó, y cito: “Nunca me ha gustado tener el número uno”.

Esta noche usted es el número uno, me siento honrado y le agradezco sinceramente el haber aceptado ser el número uno para Francia hoy, para recibir esta condecoración del gobierno francés.

Palabras de Enrique Pineda Barnet al aceptar la Orden:

En la infancia, soñaba tener, para mí solamente, un planeta, un asteroide, donde cultivar para siempre una rosa. Pero la vida no me permitió ser ese pequeño príncipe.

De adulto, no alcancé a librar batallas de capas y espadas. Ahora de adulto, muy adulto, casi tarde, el Gobierno francés me otorga esta emblemática condición que agradezco y prometo cumplir, Caballero de arte, de estética y de ética, para lanzar la flecha al horizonte.

Muchas gracias.

(Tomado del sitio del Festival de Cine de La Habana con información del blog El cine es cortar).